Crítica de 'Todo a la vez en todas partes' (2022): una impredecible obra maestra impredecible de kung fu existencialista y ciencia ficción escatológica

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14 junio, 2022
Redacción: dod Magazine

Todo a la vez en todas partes

Redacción: Jorge Loser

En un mundo bombardeado por emociones y productos audiovisuales cada vez es más difícil encontrar una brújula calibrada para desplazarnos entre las decenas de novedades semanales en cines y plataformas. Películas, series y más series que siempre son lo mejor del año al menos durante esa semana, aparecen delante de nosotros para colarse en nuestro tiempo libre sin capacidad de maniobra, y en muchas ocasiones nuestra única herramienta para saber lo que nos interesa son los autores que hay detrás de cada propuesta. A menudo tendemos a abrir la puerta al que nos ha interesado y cerrarla al que no, y en el caso de Dan Kwan y Daniel Scheinert, conocidos como los Daniels, es probable que muchos la tengan cerrada tras la bromilla pesada de Swiss Army Man (2016), una pataleta con Daniel Radcliffe haciendo de zombie que se empalma y tira pedos que nos quería contar muchas cosas más.

Con The Death of Dick Long (2019) la mitad del dúo en solitario, Scheinert, no llegó a molestar tanto, pero seguía dentro de un cierto tono irritante, por lo que muchos pueden seguir encontrando cierta decepción al encontrarse estos nombres detrás de la nueva apuesta de A24 en el cine fantástico, Todo a la vez en todas partes (2022). Pero nunca hay que poner cordones sanitarios a los creadores, y resulta que no solo hay un salto abismal en su carrera, sino que se ha convertido, esta sí, en la mejor película del año, o al menos de lo que llevamos de 2022. Lo irónico es que su premisa incluye multiversos, dimensiones paralelas y viajes entre ellas, y hasta ojos en el centro de la frente, como el blockbuster de Marvel Doctor Strange en el multiverso de la locura (2022), aunque la aproximación a los mismos conceptos no puede ser más diferente.

Mientras que la película de Sam Raimi abraza la dinámica del cómic y autolimita su propio potencial —sin que ello signifique que no sea una gran pieza de pulp tenebroso— la de los Daniels concentra más ideas por minuto de las que parece que se puedan imaginar. Partiendo de una visita a la  oficina de hacienda para poner al día los papeles de su lavandería, Evelyn, una inmigrante china en Estados Unidos interpretada por Michelle Yeoh, se ve envuelta en una aventura salvaje en la que solo ella puede salvar el mundo a través de variaciones infinitas del multiverso, en donde acabará conociendo a otras versiones de sí misma que le proporcionan nuevos poderes y taras que debe aprender a superar para poder sobrevivir y cumplir una misión más grande que la vida. Todo ello mientras lidia con el desastre de su matrimonio, la deficiente relación con su hija y el peso de un padre demasiado anclado en las tradiciones.

Es muy difícil definir de qué va Todo a la vez en todas partes sin revelar alguna de sus sorpresas, una posible orientación es pensar en El único (2001) mezclada con Lady Bird (2017), Minari (2020) y La historia interminable (1984), pero todavía no podría acercarse a la experiencia que suponen sus casi dos horas y media. Hay, eso sí, tres partes más o menos diferenciadas, una más enfocada a la acción y la aventura, otra con las consecuencias y resolución y otra que funcionaría a modo de epílogo y significación de todo el viaje que hemos visto. Es probable que la gente aprecie la parte más dinámica de la primera mitad, pero los fragmentos que siguen tienen un peso emocional muy potente y elevan el conjunto hacia el existencialismo pop, no como una película de Michael Gondry o Spike Jonze, aunque sirvan de precedente cristalino, sino como una forma de incorporar la mística oriental a una crisis de mediana edad femenina en la que todo se tambalea y todas las opciones vitales y caminos sin recorrer aparecen en forma de ansiedad.

A ratos la película parece casi un homenaje a todas las facetas que una actriz como Yeoh ha interpretado en su vida, pero el plan de los Daniels es mucho más ambicioso, su obra funciona tanto como comedia de ciencia ficción como homenaje nostálgico al cine de los 80 y The Twilight Zone, casi como proponía nuestra patria The Birthday (2004), con un reparto que recupera nada menos que a Data de Los Goonies (Ke Huy Quan) y convierte a la final girl original del slasher, Jamie Lee Curtis en un trasunto de Terminator, un robot inspirado en Michael Myers. Pero ante todo es una especie de campo de pruebas de las posibilidades cinematográficas del fantástico, abriendo tantas cajas sorpresa como se le ocurren, rozando el surrealismo y la lógica de cómic con un ritmo vertiginoso, pero siempre cayendo de pie.

Todo a la vez en todas partes puede hacerte llorar mientras pervierte alguna referencia de cultura popular o hace alguna broma de categoría anal, pero lo consigue porque su laberinto de probabilidades está atado en un firme propósito ontológico que, en el fondo, no va a más allá que una lección de galletita de la suerte, pero que propone una apertura imposible para realmente cambiar la percepción del propósito vital con una arquitectura espiritual universal que tiende al cosmos: nada importa realmente y por ello todo es factible. La cantidad de posibilidades de la película es inagotable y un solo visionado es insuficiente para hablar de ella, estamos ante una película que generará culto independientemente de su éxito, una de esas que aparecen cada mucho tiempo, uniéndose al club de obras únicas como Lo que esconde Silver Lake (2018) o incluso Donnie Darko (2001). Tardaremos en volver a ver algo así.

 

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