Crítica de MEN (2022): el terror abstracto con repelente para señoros de Alex Garland y A24

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24 julio, 2022
Redacción: dod Magazine

Men - Alex Garland (película de terror)

Redacción: Jorge Casanueva

El estreno de Men en España se ha hecho un poco de rogar, pero este es uno de esos casos en los que la espera ha merecido la pena, ya que estamos ante el mejor trabajo de su director en solitario y, tras un par de títulos que han llegado directamente a las plataformas, la ocasión merecía una exhibición en pantalla grande. Y es que el estilo visual de Alex Garland se hace aquí mucho más sofisticado y taciturno, haciendo un ejercicio de síntesis entre fondo y forma opuesto al aparente mensaje obvio que ofrece la pieza desde el propio título.

La idea de una mujer perseguida por un grupo de hombres que resultan tener la misma cara es una metáfora aparentemente obvia, que invita a una interpretación feminista de Men y que enmascara los muchos matices que caben en sus 100 minutos. Porque Garland ha hecho en primer lugar una película de terror, muy centrada en la experiencia y en la que no es importante plantearse el motivo de las sensaciones de claustrofobia y pánico tanto como la experiencia del miedo en sí, algo que a su vez dialoga con lo que se nos presenta en pantalla. Si la idea que recoge el conjunto es tan obvia, ¿Por qué resulta tan abstracta y extraña en todo momento?

Estamos muy mal acostumbrados a interpretar la falta de lógica en algunas películas como una carencia del guion o la historia y no como una oportunidad, un lienzo en blanco para encontrar las zonas menos predecibles del cine. Es difícil localizar figuras literarias en el séptimo arte, pero existen equivalentes que implican un uso de la imagen en pantalla para sembrar ideas, líneas de puntos que pueden conectarse en la cabeza del espectador y la suerte de que un creador ponga un lienzo lleno de posibilidades frente a nosotros. Cuando hay un largometraje críptico, tratamos de buscar sus significados como si fuera un puzle para resolver, pero no tiene que ser así. Muchas veces no es así.

La falta de conexión de muchos elementos en Men responden a la construcción de un estado mental, en la idea del reflejo de los temores de la protagonista, una mujer que ha huido al campo para olvidar el suicidio de su exnovio, tras una tormentosa separación. Todo lo que vemos se nos narra con la ambivalencia del punto de vista de una emoción concreta y no es que sea una narradora no fiable, sino que todo lo que ve puede estar o no estar ocurriendo de una forma literal. Conforme va pasando las horas en la campiña, los hombres de su alrededor se convierten en reflejos de su propia experiencia como mujer, no necesariamente son situaciones frente a la pantalla, sino la forma en la que ha llegado a ver el mundo.

Men - Alex Garland (película de terror)

Garland ofrece un ejercicio de empatía para el espectador. Sería muy ingenuo pensar que lo que nos plantea se queda en “un análisis del patriarcado” o la “masculinidad tóxica”, cuando lo que estamos viendo frente a la pantalla son representaciones de comportamientos recurrentes, no de todos los hombres sino los que las mujeres que reconocen en patrones a menudo, en su día a día. El director sabe que son pequeños bocados de realidad que todos podemos reconocer, no señala la culpabilidad concreta, pero nos hace partícipes del punto de vista de quien los ha vivido.

Es prácticamente un resumen satírico, pero que se convierte en algo aterrador cuando explota en momentos de tensión como la escena del túnel o los distintos momentos de home invasion en la nada del medio rural. Sería extremadamente cínico plantear que lo que propone Men es algo nuevo en el cine de terror, cuando todo el género de stalkers a mujeres solas en casa siempre han tenido como protagonistas a hombres, la mayoría de las veces con perversas intenciones, con lo que es sencillamente estúpido clamar al cielo en esta ocasión cuando plantea lo mismo que, por ejemplo, Terror ciego (1971), en la que Mia Farrow tenía que huir de un psicópata en un entorno rural parecido.

La diferencia es que aquí la obra se atreve a pintar la cara de todos los hombres con el mismo actor, algo que es, por cierto, muy inquietante, pero que tampoco está a mucha distancia de lo que nos planteaba Polanski en Repulsión (1965), con la misma apertura a lo onírico, o incluso Hitchcock en Marnie, la ladrona (1964). Además, Garland se arma de valor y conecta el miedo de Harper con el propio entorno, tejiendo una correlación folk horror de lo que ve con una tradición ancestral, que va desde el paisaje, que depende de cómo lo asimile la protagonista resulta idílico o amenazante, a la idea del bien y el mal que promulgada por la iglesia judeocristiana, conectando las mismas incluso más atrás, en el paganismo que representa aquí los relieves del hombre verde.

El film consigue representar todas estas ideas de forma visual, a veces con simbolismos esquivos, otras veces grotescamente literales, en cuanto a que hace una representación final de body horror digno del cine de Brian Yuzna, aunque se había tocado de una forma similar en la reivindicable Amulet (2020). Alex Garland no es tampoco ajeno a este discurso y Men se puede interpretar como una extensión en toda regla del tercer acto de 28 días después (2002), en la que ya el autor plantaba las semillas de la misma idea de una forma más figurativa, pero que carecía del sagaz desmantelamiento de la vulnerabilidad masculina dentro del estudio del Homo femini lupus cultural incluido en el viaje de Harper.

MEN - Alex Garland

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