Crítica de 'Hills End' de DMA´s

17 enero, 2017
Redaccíon: dod Magazine

Hills End - DMA´s

Redacción: Pablo Aznar

El nuevo britpop no es ni brit ni pop. El nuevo britpop viene de la mano de tres chicos australianos bajo el nombre de DMA´s, conduciendo siempre junto a melodías pegadizas en un camino transitado que parece provenir de Manchester y que lleva siempre a Oasis en el retrovisor. Si, ya lo he hecho, llevo dos frases y ya he juntado a los DMA´s con Oasis, pero es que parece que los hermanos Gallagher se dejaron canciones sin escribir que volaron hasta Sydney para reaparecer en la cabeza de Tommy O´Dell y cía. Su timbre vocal, sus armonías, su pose fija en el escenario...es un deja vú...oírles evoca un sentimiento de resaca noventera con la Union Jack de fondo.
Es que su música es atemporal, ya que cualquiera firmaría con los ojos cerrados que cada una de las 12 canciones que componen Hill´s End (2016) fue escrita en algún escondite de Inglaterra. Parece que ellos mismos lo presagiaban cuando decidieron arrancar su álbum debut con Timeless, un himno nostálgico con olor a Stone Roses que adelanta que lo que viene a continuación es para escuchar, no para oír.

Cabe destacar también Lay Down, In The Moment, y Step Up the Morphine, que siempre consiguen afianzar un estilo en el que debutan pero dominan. Además, como extra, la versión que nos regalaron del Believe de la mismísima Cher (¡hay que tener valor!) que consiguen llevársela a su terreno y emular con una voz rasgada, y mucho menos pelo, una de las melodías más emblemáticas de la radio.

En fin, Hill´s End suena a álbum compacto, y tras haberles visto en directo el pasado noviembre en la Moby Dick de Madrid, puedo asegurar que suena a que el britpop ha despertado donde menos lo buscábamos. ¿Que han nacido veinte años tarde? Puede ser. Pero teniéndoles aquí vamos a seguir aprovechando la música de los DMA´s (que por cierto, ni ellos saben qué significan las siglas), porque si seguimos su corriente seguro que encontraremos melodías que se quedan impregnadas gracias a una voz contagiosa, y riffs de guitarras que parecen estar pintadas por Jackson Pollock.

2016. Si, lo has leído bien, has vuelto a ver en la carátula que este disco es de 2016. Quizás haya esperanza en la música al fin y al cabo, aunque sea a través de una fórmula ya exprimida pero que tanto nos gusta.

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