Crítica de 'Everything Now' de Arcade Fire

2 agosto, 2017
Redaccíon: asier

Everything Now - Arcade Fire

Redacción: Marta Villarejo

Teníamos ganas, teníamos TODOS muchas ganas de escuchar material nuevo de los de Montreal. Reflektor nos cautivó, tanto a crítica como a público, y les salió tan bien la fórmula que han estado girando con ese disco hasta el año pasado. Un listón muy alto que superar con el correspondiente miedo de que su nuevo trabajo no estuviera a la altura.

Pero seamos realistas, Arcade Fire no es un grupo del montón, no nos va a dar lo que queremos oír porque su encanto reside en seguir sorprendiéndonos, experimentando y dilatando nuestra relación amor-odio hacía ellos (sobre todo por parte de la prensa especializada que ha sido muy dispar a la hora de puntuar el disco). No te van a hacer un disco como “Turn on the bright lights” de Interpol, que te enamora desde el minuto uno y con una gira mundial por su 15 aniversario (en la que únicamente tocarán este álbum de principio a fin), que demuestra la huella tan extensa que ha dejado.

Volviendo al tema, la primera escucha de Everything now no es fácil. Lo primero que piensas es: ¿Dónde está Reflektor? ¿Y Funeral? ¿Cómo me hacéis esto después de cuatro años parados? Con esto ya podemos decir que hay que escuchar varias veces el disco para poder apreciar todos sus matices, y percatarnos de que conserva la esencia de Arcade Fire aunque no se nota a simple vista (u oído).

Hay canciones corales, como Everything now que se podría considerar como (casi pero no) el Wake Up de 2017. Luego tenemos temas con sonido más british underground en el que se nota un poco la mano de uno de sus productores (el bajista de la banda Pulp, Steve Mackey. Sí, los del Common People). Dentro de esta categoría podríamos incluir Signs of life, Chemistry, Good God Damn o We don’t deserve love.

Y luego están los temas con una base puramente Daft Punk (otro de los productores es Thomas Bangalter, la mitad del dúo francés) como Put your money on me, Electric blue y Peter Pan sumado a la personal voz de Win Butler y Régine Chassagne y al sonido de sus interminables músicos e instrumentos. Obviamente también nos encontramos con un par de sus llamados Continued a los que nos tienen acostumbrados pero que tanto nos gustan.

En definitiva, quizás no sea su mejor disco, quizás no esté en los rankings de los mejores álbumes de música indie. Pero es de Arcade Fire y, nos guste o nom hay que reconocer que el mérito está ahí, y que sus conciertos seguirán llenándose de gente que corea al unísono sus canciones.

 


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