Crítica de A Head Full of Dreams - Coldplay

9 diciembre, 2015
Redaccíon: dod Magazine

A Head Full of Dreams - Coldplay - Portada

Redacción: Noel Castro

El pasado jueves día 4, Coldplay estrenaba el que es su séptimo álbum de estudio en los diecinueve años de trayectoria musical. Y para cuánto han dado estos diecinueve años.

Antes de ponernos a escuchar el disco, las cosas como son: Coldplay ha cambiado, y hace mucho que lo ha hecho. Con Viva la Vida or Death and All of His Friends, el grupo liderado por Chris Martin proclamaba la bandera del cambio -paradójicamente, la carátula del álbum mostraba la bandera francesa en La Libertad Guiando al Pueblo- y con la explosión sonora de Mylo Xyloto se asentaban en un nuevo terreno alejado del intimismo y la sencillez que tan buenas críticas les habían traído desde sus primeros pasos a finales de los noventa. Cambio. Ni bueno, ni malo. Simplemente diferente. Las críticas llovieron, pero oye, para gustos colores, ¿no? —y para colores, la carátula de A Head Full of Dreams—.

Tras Mylo Xyloto llegó Ghost Stories. Un disco que no acababa de encajar con nuevo sonido de la banda. Impregnado de dulce amargura y supuestamente versando sobre la ruptura del matrimonio de Martin con la oscarizada Gwyneth Paltrow, Coldplay no parecía tener las cosas muy claras. Pero al fin, a la séptima va la vencida, y Coldplay ha retornado con un disco que parece recuperar la herencia de Mylo Xyloto. Y es que este puede que sea el último disco de la banda. Es por ello que les viene bien asentarse en esta nueva piel con la que parecen sentirse más agusto.

Sin embargo, aun recuperando la esencia electrónica, colorida y futurista de Mylo Xyloto, las canciones de A Head Full of Dreams no son para nada unánimes. Exploran este sonido de diversas maneras, unas más acertadas que otras. Cada canción es una sorpresa, y el álbum se constituye en una sucesión de who-hoos, ecos, sintetizadores, guitarras eléctricas, ritmos de R&B, chasquidos de dedos, acordes de piano, poemas del siglo XVI y discursos de Obama.

Sí, todos esos sonidos se han colado en los once tracks de A Head Full of Dreams. Tal como una cabeza colmada de sueños incongruentes, las canciones de Martin se amoldan atropelladamente una tras otra. No hay linealidad en el sonido, pero sí la hay en la intención: una aparente ansia por transmitirnos buen rollo, sacarnos una sonrisa y ensalzarnos hacia lo más alto a base de tonos motivantes y letras optimistas.

El álbum abre con A Head Full of Dreams. Una atmósfera sonora y mística que poco a poco nos trae esa voz, una voz que por momentos me recuerda al cantante en Speed of Sound, salvando toda la parafernalia electrónica que rodea a la voz del Martin.

Los temas más Mylo Xyloto, diría, los encontramos en Birds y Everglow, con un Coldplay que parece reinventarse coherentemente en busca de un nuevo sonido, una nueva atmósfera en que envolver sus conceptos creativos —y comerciales—. Everglow, en particular, me trae de vuelta los tonos dulces pero melancólicos de Up in Flames.

Sin embargo, este atisbo de esperanza pronto se ve ahogado por otras piezas menos consecuentes. Es el caso de Hymn for the Weekend, canción a dúo con Beyoncé. Y lo de ‘a dúo’ es por que hay dos voces, porque la canción en sí no tiene nada de Coldplay. Beyoncé se hace dueña y señora de la pista, mientras la voz de Chris Martin se pierde entre una base de RnB que, acompañada de chasquidos y coros, no hace más que desorientarnos.

Haciéndole la competencia a canción más inesperada está Kaleidoscope, que combina un discurso de Obama y un acústico acompañamiento de piano con un poema persa del siglo XIII. Kaleidoscope es, de lejos, lo más llamativo y desconcertante del disco. ¿Un intento fallido por recuperar el intimismo perdido? ¿O simplemente un frívolo juego minimalista que ni de lejos pega en la fórmula comercial del disco?

El resto de canciones se van desdoblando para enseñarnos sus pequeñas sorpresas. Sus letras, eso sí, se mantienen rebosantes de optimismo, y sus tonos chirrían pomposidad a base de sonido sintetizado. Si Ghost Stories era la consecuencia de una ruptura amorosa, A Head Full of Dreams es una mirada fresca y rebosante de orgullo a su propio pasado. ‘“Don’t say it was all a waste, didn’t we have fun?”, reza el cantante en Fun.

Este optimismo no hace más que crecer hasta llegar al cántico que cerrará el album: Up and Up. Por si no bastara con lo gráfico del título, las letras lo confirman: “See a pearl form, a diamond in the rough,” canta Martin; “see a bird soaring high above the flood.” Y así nos deja por ahora, con un inevitable fresco sabor de boca, pero a la vez un cierto remordimiento por no poder dejar de repetir, resonando en nuestra cabeza, esas letras épicas sí, pero también carentes de significado. Coldplay parece finalmente haber vendido su alma al diablo, y al escuchar A Head Full of Dreams, puede ser que más de uno se lo plantee por momentos.

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