Crítica: Damon Albarn - The Nearer The Fountain, More Pure The Stream Flows

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13 noviembre, 2021
Redaccíon: dod Magazine

The Nearer The Fountain, More Pure The Stream Flows - Damon AlbarnRedacción: Fran González

Cuando se tiene cierta edad, hay determinados regresos que se aguardan con particular inquietud y se celebran con especial devoción. Más allá de que su calidad compositiva equipare el reflejo de su legado o que logre desrpertar en nosotros la misma euforia emocional que antaño, siempre es de buen agrado enfrentarse a la voz y al talento de una de las caras más representativas de la música británica de los últimos treinta años.

Con esa autoridad moral que solo las leyendas pueden permitirse, Damon Albarn toma por cuenta propia unos derroteros nada próximos a lo que convencionalmente podríamos esperar del líder y alma mater de bandas como Blur o Gorillaz. La propuesta que el británico confecciona para este álbum en solitario tras siete años de su Everyday Robots (Parlophone Records, 2014) nos va a llevar de la mano por territorios sombríos, mucho más próximos a los de un Nick Cave o un David Bowie de última época que a los espacios festivos y coloristas que sus anteriores proyectos paralelos solían brindarnos. Lejos de ser un lastre, la carga emocional que ahora dilucidamos en su lírica y en su composición dan a este The Nearer The Fountain, More Pure The Stream Flows (Transgressive Records, 2021) los argumentos necesarios para tomarnos en serio todo aquello que Albarn ha venido a contarnos.

Este cambio en la hoja de ruta del cantante londinense ve su origen en la visión trágica y romántica de la poesía de John Clare, a quien Albarn llegó a través de un libro que le regaló su madre. Líneas de amor, pérdida y duelo que abrazan el impactante y gélido escenario que ahora rodea e inspira a Albarn en su nuevo hogar en Islandia, y que conducen al británico a la elaboración de un disco moderado, sentido y conmovedor. Desde el mismo arranque tendremos la continua sensación de estar conociendo la cara más desnuda y cruda del cantante, probablemente hasta ahora inédita, pues el golpe sentimental que recibimos al desengranar las múltiples capas de este The Nearer The Fountain, More Pure The Stream Flows no se hace apenas esperar. Un verso como “You have gone / The dark journey that leaves no returning / It’s fruitless for me to mourn you / But, who can help mourning?” nos recibe en esa primera pieza de nombre homónimo, tiñendo con la negra melancolía de una memoria confusa el alma y la raíz de este trabajo.

Después de un aciago y largo año donde las circunstancias sociales y sanitarias han supuesto un traspiés para todos, no podemos culpar a Albarn de querer pecar de contemplativo o incluso de tratar de dibujar vías personales de escape para todos esos sentimientos silenciados. Es por ello que el cantante, en un alarde de singular libertad, abre su espectro compositivo y termina alumbrando temas tan particulares como esa bomba de jazz experimental y caos de casi tres minutos que es Combustion o los reflexivos y cinemáticos cortes instrumentales para Esja y Giraffe Trumpet Sea. Mención especial merece, por ello, la magnífica propuesta técnica que este The Nearer The Fountain, More Pure The Stream Flows sostiene sobre sí, ofreciéndonos ese despliegue orquestal con arreglos de viento en los temas anteriormente citados, o ese inquietante órgano Elka Space que traza lúgubres paisajes para Daft Wader.

Sin embargo, y a pesar de que esta glacial dinámica pueda llegar a apaciguarnos de más, Albarn se guarda determinados ases en la manga con los que directamente nos hace conectar con su espíritu más pop y reconocible. Así es como vencemos una luz amable dentro de esa densa oscuridad que desprende el disco con temas como Royal Morning Blue o Polaris, donde, ataviado de una sencilla caja de ritmos, logra transportanos a la esencia más minimalista de unos primeros Gorillaz.

Damon Albarn ha requerido poco más que la mano amiga de Simon Tong (The Good, The Bad & The Queen, Gorillaz, The Verve), y el buen ojo del compositor Mike Smith, para regalarnos un viaje de ida y vuelta por diferentes puntos del globo a través de una contradictoria visión que combina la calidez de un susurro íntimo con la distancia de una fría y personal tortura. No obstante, la piel y el corazón que el londinense pone de manifiesto permite que nos quedemos con un poso final de esperanza y admiremos la versatilidad que el autor de tantos himnos generacionales es ahora capaz de ofrecer.

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