Crítica: Club Del Río - Sustancia

8 mayo, 2018
Redaccíon: dod Magazine

Club del río - Sustancia

Redacción: Andrea Genovart

Club Del Río ya había avanzando singles de Sustancia (2018, El Volcán Música), tales como Remedios, Diablo y No Hay Rival. Se trata de un tercer disco, recién lanzado el pasado viernes 4 de mayo, en la ya conocidísima línea de la banda: temas agradables, que entran fácil, y que se sitúan en un plano optimista. Solamente hacía dos años de Un Sol Dentro (2016), el segundo larga duración pero el que realmente los alzó a la fama y los colgó en casi todos los carteles de los festivales de la Península.

Con un sutil toque sesentero, esta banda algo inclasificable, a veces en aguas de indie folk y otras bajo el jazz y otros ritmos bailables donde predominan instrumentos de viento, ha lanzado otro nuevo repertorio lleno de melodías pacificas y suaves. Aunque muchas veces se les ha asociado a un hippismo del que han renegado, la verdad es que consiguen una sensación apaciguadora que con los tiempos que corren es de agradecer. Así se abre y se cierra, pues, Sustancia: con más bien pocas piezas minimalistas, nunca haciendo ruido por cabreados pero sí haciéndose notar con una gran energía que rebosa, sobre todo, ganas. Un disco redondo porque está enfocado bajo una misma óptica que podría resumirse con esto del afán de superación: de hecho, no hay que tener mucho ojo y ver que todas las canciones comparten un mismo campo semántico (Vaivén, Arenas Movedizas, No hay Rival…), en perfecta coherencia con su tono.

Musicalmente, como ya sabíamos en Un Sol Dentro (2018) y Monzón (2016), lo que destaca y suma calidad a la banda es la increíble voz de Esteban de Bergia - también compositor y guitarra. No obstante, en este disco seguimos acogiendo esa mezcla de estilos. Esta vez compuesto por los aires tropicales en Vaivén, los ritmos latinos de Bahama Mamma y Tierras de Aquí, Tierras de Allí, el jazz en Solo por Un Instante e incluso la vena más indie en Luz de Mañana. Una forma caleidoscópica pero de siempre de enfoque alegre que caracteriza al grupo de Pozuelo, antes grupo de amigos y que quizá explica la frescura y buenrollismo. Eso de que sale solo. Sin duda, Club del Río han vuelto a acertar ya no solo con seguir haciendo lo que hacen, que es de tan bien recibo, si no en que sea justamente ahora cuando nos sorprenden con esta Sustancia que acompaña el buen tiempo que viene y del que todavía nos queda por dejar envolvernos.

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