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Crítica: Cloud Nothings - Final Summer

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Cloud Nothings - Final Summer (2024)

La carta de presentación de Cloud Nothings con su nuevo sello discográfico, Pure Noise Records, no podía efectuarse de otro modo que desde la fidelidad a sí mismos y a esos lugares comunes que desde hace ya más de una década llevan consolidando el estilo propio del trío de Cleveland. Veranos tan infinitos como agridulces, atardeceres que invitan a patinar sobre el pavimento dorado de las calles e implacables torrentes de feroz emotividad disfrazada de distorsión, rabia y catarsis. A todo eso suena Final Summer (2024); exactamente como cabría esperar y tan acertado como ya viene siendo habitual en el hacer de uno de los proyectos responsables de que el emo garajero de los 90 pueda todavía seguir sintiéndose moderadamente vivo en pleno 2024.

Poco parece afectar el paso de los años a Dylan Baldi, Jayson Gerycz y Chris Brown, pues tras ese inicial alud de sintetizadores atmosféricos con el que el álbum nos recibe, nos reencontramos de pleno con las cálidas y sentidas letras del corte homónimo encargado de abrir el disco ("Oh, I have some thoughts / Oh, I have some dreams, but I need to be happy with what I've got for me"). Una pieza más o menos canónica que afila con presteza esa habilidad que tiene la banda para generar himnos que destrozan e ilusionan a partes iguales. Es en la emoción viva de su versos, maridados con el desasosiego de un riff descosido y una percusión frenética, donde nos damos cuenta de que siguen siendo los mismos chicos con el corazón hecho añicos que en 2011 le cantaban ya a la desesperanza y al desamor. Y es que a pesar de que el disco venga precedido por la firma de otras partes involucradas (Jeff Zeigler en la grabación, Sarah Tudzin en las mezclas y Jack Callahan en la masterización), las diez canciones de Final Summer siguen garantizando la envidiable racha de la banda y su capacidad para inundar con dosis de intimidad cada uno de sus cortes.

Nuevos hits como I'd Get Along así lo confirman, invitándonos a seguir a pleno pulmón sus vibrantes sentencias ("If something would happen with me I’d get along") y convirtiéndose en una de nuestras candidatas a favorita. En una línea similar, temas como la coreable The Golden Halo, el puro frenesí de Mouse Policy o los agitantes solos de Silence garantizan que sus nuevos aportes volverán a hacernos sudar la gota gorda en directo, con estribillos convertidos en mantras y del todo capaces de arengar a las masas.

Es sinceramente meritorio comprobar que la banda, sin tomarse necesarios respiros entre álbum y álbum y entregándonos con prolífica regularidad discos nuevos cada dos o tres años, consiga mantener unos estándares de calidad tan sorprendentes. Adentrarse en las canciones de este noveno disco es como seguir atestiguando los años que acontecieron al origen de su propuesta. Un lugar seguro para sus seguidores. Y no es que el sonido de la formación estadounidense no haya evolucionado a lo largo de estos quince años de carrera; es que, simplemente, lo ha hecho en la dirección que tocaba. Sin andarse por las ramas o sucumbir a excéntricas reinvenciones.

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