Crítica: Cass McCombs - Seed Cake On Leap Year

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Cass McCombs - Seed Cake On Leap Year (2024)

El final del verano es un momento del año delicado. Por un lado, los amantes de las temperaturas bajas se despiden con desdén del achicharrante estío, mientras miran el calendario preguntándose cuándo demonios dejará de hacer calor. Y por otro lado están las personas que encuentran un cierto barniz de nostalgia en estos compases semi-otoñales de septiembre, donde los días comienzan a palidecer progresivamente y la alegría natural del ambiente arranca su camino hacia la desasosegante rutina.

Parece que, presa de estos sentimientos encontrados que la época presente nos ofrece, el cantautor norteamericano Cass McCombs se halla en su momento más reflexivo e incluso melancólico, mirando al pasado con cierta curiosidad y quién sabe si también con intención de buscar inspiración para un LP nuevo. Por el momento, de material nuevo no va la cosa, pero sí de temas inéditos como los que escuchamos ahora por vez primera en este larga duración titulado Seed Cake On Leap Year (Domino Records, 2024) y que el norteamericano ha publicado por sorpresa en las últimas horas.

Que no os disuada ni su sino recopilatorio ni que los temas estén originalmente grabados entre 1999 y el 2000. El LP es enormemente disfrutable como material único, absolutamente recomendable para los oyentes más completistas y una maravilla inesperada de la que hay mucho que reseñar. Con su carácter minimalista y sencillo, el álbum nos deja bien claro desde el principio la destreza y la elegancia con la que McCombs firmaba sus letras, mucho antes incluso de que su nombre comenzara a ser oficialmente reconocido en la escena independiente de Estados Unidos. Tan solo armado con su guitarra y sin excedentes ni recursos abrumadores, el californiano dibuja una concordante línea lóbrega y confesa entre sus diez "nuevos" temas, donde un delicioso sonido lo-fi y la cariacontecida lírica del artista son los denominadores comunes para el caldo de cultivo de aquello que poco después terminaría convirtiéndose en A (4AD, 2003), su debut oficial en larga duración.

Sin embargo, y comparadas con las piezas de aquel trabajo, las canciones que ahora escuchamos en Seed Cake On Leap Year se sienten mucho más crudas y desnudas, emanadas desde lo más hondo y desgarrador de su imaginario, y del todo capaces de contagiarnos su desidia con hipnótica oratoria. Con una carrera todavía en pañales, McCombs se revelaba en los albores de su trayectoria como un desdichado cantautor de country gótico, dispuesto a exorcizar sus demonios más desapacibles a golpe de narrativa y catarsis (Anchor Child).

En muchos aspectos, uno puede entender este Seed Cake On Leap Year como un disco fundacional para el sonido futuro de Cass McCombs, en tanto que en sus diferentes piezas vemos apuntes claros de lo que posteriormente terminaría convirtiéndose su sello personal (la psicodelia retro de Baby, la desoladora honestidad de Wasted Again, la emoción cinematográfica de Always in Transit o la entrega sin prejuicios de sus más íntimos pesares en What Else Can A Poor Boy Do, tan a la Daniel Johnston). Sin embargo, y muy lejos de sentirse como el mero esqueleto de otro proyecto o un trabajo a medio hacer, este nuevo largo reclama nuestra atención con entidad propia, convirtiéndose en una sobrecogedora y cautivadora banda sonora de lo más idónea para acompañar un atardecer angustioso o un absorto ratito con mí-me-conmigo. Todo un viaje a las catacumbas sónicas, compositivas y sensoriales de uno de los artistas más infravalorados de su generación.

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