Crítica: Bright Eyes - Down in the Weeds, Where the World Once Was

21 agosto, 2020
Redaccíon: dod Magazine

Bright Eyes - Down in the Weeds Where the World Once Was (2020)

Redacción: Marcos Molinero

Es difícil enfrentarte a un disco de un grupo, artista o proyecto tras casi una década de silencio. Difícil, ya que cuando eso sucede, los motivos de ese hiato creativo suelen estar provocados por disputas internas o la falta de ideas e inspiración. Nadie pone en duda que Bright Eyes es Conor Oberst y que sobre su talento como compositor musical y letrista gravita la banda. De ahí que estos nueve años con Bright Eyes en letargo hayan sido días muy desdichados pese a otros proyectos del de Omaha.

Cuando le das el play al disco, tu mente tiene dos opciones. La primera es dejarse llevar y escuchar sin tener en cuenta el pasado , mientras que la segunda es no dejarse llevar y analizar el nuevo trabajo con la mirada puesta en el retrovisor. Ninguna de las dos es justa. Así que tiraremos por el camino del medio y dejaremos que el espíritu del rey Salomon nos guíe.

El inicio descoloca, sorprende y quita presión con una canción/intro que bien podría ser parte de esa banda sonora imaginaria de El Resplandor de Kubrick que incluía a Jane’s Addiction como banda del Gold Room en el enigmático Overlook Hotel. Con una sonrisa en la boca y los nervios mas destensados nos llega Dance And Sing y todo estalla por los aires. Imposible mantener la compostura, imposible no emocionarse y no postrarse a los pies de Conor. Esa melodía sangrante, esos arreglos de cuerdas, ese ritmo arrastrado y sobretodo esa atmósfera de última esperanza cuando todo se haya perdido. Una canción tan hermosa y tan magníficamente ejecutada que te atenaza frente al teclado con temor a que sea solo un espejismo de tu mente y que toda la belleza que te llega solo exista en tu imaginación. Mantengamos la compostura… pero parece difícil.

El disco continúa con Just Once In The World y uno sigue estremeciéndose. Mil detalles complementan una pieza con una felicidad desbordante, con Conor como si fuera El Flautista de Hamelin. Es como si Neutral Milk Hotel, Wilco y los primeros Arcade Fire estuvieran de fiesta en tu cabeza. Mariana Trench convierte a Conor en un trovador del siglo XXI donde juguetea con la electrónica sin volverse loco, sin que nada chirríe y con el resto de los Bright Eyes sabiendo elevar con una ejecución tan precisa como preciosista. En este corte te zarandean a gusto. Estás con angustia en el pecho y solo llevas un tercio del disco cuando One And Done se planta ante ti para dejarte desnudo, resquebrajarte emocionalmente y dañarte de por vida. Conor, con su voz y su melodía saltarina, te lanza al vacío y te rescata cuando estas a punto de fallecer.

En Stairwell Song nos dan un pequeño respiro, pero sigue sobrevolando la sensación de que la burbuja puede reventar en cualquier momento. Y es que si Conor esta brillante, el resto de la banda no le anda a la zaga. Lo que la banda nos plantean en Persona Non Grata es volver a esa catarsis del inicio con una melodía que tira de nosotros, que nos arrastra hasta el acantilado emocional más bello y peligroso. Por ello, la simpleza de Tilt-A-Whirl nos sirve para recuperar el aliento y volver a sonreír sabiendo que pase lo que pase el décimo disco de Bright Eyes es de esos que te van a acompañar hasta la tumba.

Hot Car In The Sun es el ultimo valle antes de la cumbre final pues los últimos cuatro cortes son los más largos en minutaje y en intensidad, aunque esto ultimo parezca imposible. Forced Convalescence es ese repecho agradable cuando haces senderismo, donde las piernas no sufren y disfrutas del paisaje sin más. Pero entonces se complica todo y en To Death’s Heart (In Three Parts) el sonido de la banda estadounidense torna oscuro, con un tempo cansino y un paisaje feo. En esta canción nos llevan a pasear por un camino desolado, por un bosque quemado y humeante, y con cenizas aún danzando por el aire.

El penúltimo corte del disco es Calais to Dover. Su fuerza radica en cada palabra que escupe Conor en un reproche tan sincero que te hace sentir culpable de no poder ser una mejor persona. Para cerrar, Bright Eyes escogen la canción de mayor minutaje: Comet Song. Un broche final con el piano y las cuerdas como principales protagonistas y con Conor pasándote el brazo por encima del hombro para dejarte claro que siempre que lo necesites él estará ahí.


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