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Crítica: Boygenius - The Record

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Boygenius - The Record (2023)

Los súpergrupos tienen a menudo el lastre de tener que cumplir las expectativas que sus propios miembros, con laureadas trayectorias individuales, ponen sobre sus hombros. Con más voluntad que acierto, hemos visto fenecer propuestas colaborativas que sobre el papel sonaban a éxito asegurado, pero en la práctica el fracaso y el batacazo fueron estrepitosos. Sin embargo, qué maravilloso fue comprobar en 2018 que de tres mentes tan maravillosas como la de Phoebe Bridgers, Julien Baker y Lucy Dacus podía surgir un proyecto colectivo tan íntimo, reconfortante y sanador como Boygenius, capaz de sorprender y satisfacer al fandom que las tres artistas cosechaban ya gracias a sus inmaculadas carreras, y generar, asimismo, una nueva línea de fieles seguidores del todo entregados a su renovada forma de escribir historias conjuntas.

El experimento, por desgracia, quedó en el olvido durante un lustro, con tan solo un EP homónimo con el que nos demostraron su indudable química para conmover y hacernos sentir también parte de ese universo tan propio que el trío había logrado construir. No fue por tanto nada sorpresivo –pero sí una absoluta alegría- descubrir que cinco años más tarde Bridgers activó la “boygenius-señal”, sugiriéndoles a sus dos compañeras de banda la posibilidad de volver a retomar el proyecto –algo que, por supuesto, Dacus y Baker no dudaron en aceptar. Y es que la marca que une a esta banda es, sin duda, una amistad que trasciende los escenarios y las canciones; una relación marcada por el respeto mutuo que ha servido como caldo de cultivo para que ahora la formación diera el paso formal hacia el LP con The Record (Interscope Records, 2023), doce canciones donde nuestras protagonistas se sinceran entre ellas, desnudan sus vergüenzas emocionales y admiran con acato y cariño las aportaciones de las otras.

Tres molares tatuados en las muñecas de las artistas nos saludan desde una portada iluminada por una luz cálida propia de un atardecer bajo; el mismo que golpea sus rostros desde esa montaña rusa en Not Strong Enough y muy probablemente el mejor contexto para dejar que sus voces nos arrullen. Una resplandeciente golden hour en la que se suceden y alternan las contribuciones de las tres cantantes, ganando su propio espacio pero sin renunciar a ese aire comunal del que el álbum goza. Pues más allá de que The Record se sienta casi como una carta de amor sincera a la amistad y el afecto que las tres se profesan, el trío mantiene fielmente su identidad propia dentro de la suma del todo, haciendo reconocibles y disfrutables los aportes individuales de cada una de sus involucradas (solo la crudeza directa de Julien Baker puede firmar una entrega como Anti-Curse, donde entre ácidos golpes de humor negro nos narra una experiencia cercana a la muerte en alta mar; Bridgers, por su parte, es única en soltar verdades a la cara con una sonrisa agridulce, como ese “you called me a fucking liar” que traza en los versos de Emily I’m Sorry; o esa True Blue, que directamente se siente como una continuación natural del Home Video que Dacus firmaba en 2021). Un pack divisible cuya suma es un genio y figura a tres bandas que habla por si solo en cada entrega (“Will you be a satanist with me? Will you be an anarchist with me? Will you be a nihilist with me?”, preguntan sucesivamente Baker, Bridgers y Dacus en Satanist).

Como si de un coche escoba emocional se tratase, The Record va recogiendo tras de sí las vulnerabilidades más íntimas que proyectan sin recato sus ejecutoras, quienes a golpe de catarsis queman a fuego sus males con la seguridad de quien se sabe arropada por quienes lejos de juzgarla, van a unirse a su cruzada personal (“Give me everything you got, I’ll take what I can get, I want to hear your story and be a part of it”, cantan a pulmón en Without You Without Them). Y es que este debut formal cumple con todo y más de lo que cabría esperar de un trabajo firmado por tres de las mejores cantautoras de su generación: garra y carácter a puro riff (“$20”), confesiones sentimentales suaves y enternecedoras (“We’re In Love”), viajes en carretera que se extienden hasta el fin del mundo (“Leonard Cohen”) y lánguidos páramos donde sus rostros reposan sobre sus respectivos hombros, esperando a que el sol finalmente se oculte en el horizonte (“Letter To An Old Poet”). Un abrazo a tres y un premio a esa confianza que supone abandonar el ostracismo emocional en favor de reencontrarse con quien nos aguarda. Superarse, y más después de contar con algunos de los mejores álbumes de la pasada década en su palmarés, no parecía tarea fácil, pero el trío lo ha logrado.

 

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