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Crítica: black midi - Hellfire

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Black Midi - Hellfire (2022)

Cruzar el umbral de entrada de Hellfire (Rough Trade Records, 2022) es lo más parecido a sucumbir a los siniestros encantos de una feria ambulante, decimonónica y espeluznante, que detiene su itinerante trayecto a nuestros pies, invitándonos a entrar con un dedo índice alargado y gélido que se flexiona ante ti en actitud provocativa y fascinante. Desde que aterrizaran en 2019 con Schlagenheim, este peculiar conjunto londinense ha sabido bien cómo generar a su alrededor una expectativa sin igual, fruto de ese despliegue de referentes exquisitos que han permitido a Geordie Greep, Cameron Picton y Morgan Simpson sienten las bases de una escena candente y de lo más fructífera en Reino Unido que en los años posteriores nos terminaría dando numerosas alegrías y satisfacciones. Tres años después, el ahora convertido en trío tras la marcha de Matt Kwasniewski-Kelvin se ha visto en la vicisitud de tener que superar su sobresaliente segundo trabajo, Cavalcade, y bien demuestran ahora con su tercer álbum de estudio que black midi lo ha vuelto a hacer.

Una línea de percusión militar, una perorata de bienvenida y ese collage sonoro tan marca de la casa que enmarca el fondo de la escena son los mimbres con los que el trío británico abre Hellfire, a partir de una pista homónima en la que confirman que el circo de la devastación ha llegado a nuestra ciudad. A pesar de esa disonancia constante de sonidos que se pisan entre sí y dialogan sin rumbo (dando la sensación de que estamos reproduciendo dos, y hasta tres canciones diferentes al mismo tiempo), black midi verifica con su consiguiente acto, Sugar/Tzu, lo que sospechábamos: han encontrado la manera de llevar a un siguiente nivel su toque personal, y su propuesta ahora da un salto cualitativo notable con respecto a las premisas que ya apuntaban con su anterior LP. Casi sin olérnoslo, nos encontramos de bruces dentro de una atmósfera semi-teatral, donde los instrumentos de viento tienen ahora un valor fundamental en la entrega. La actitud de su vocalista y frontman, Geordie Greep, toma oficialmente las riendas de una suerte de crooner oscuro y perverso, ensamblando de forma caótica una serie de estándares de jazz experimentales y turbios, revelando de este modo unas dotes tonales excelsas entregadas a esa catártica expresividad que se empeña en obligarnos a no tomarle demasiado en serio, pero que a pesar de esa incómoda atmósfera que roza la viñeta y la mueca, es imposible no acabar plenamente rendidos a su incuestionable talento.

El bizarro y frenético submundo de Hellfire nos llevará de la mano por episodios convulsos que nos pondrán la piel de gallina, como ese vertiginoso e impredecible trayecto sonoro que es Eat Men Eat, en el que tan pronto nos seduce una cálida envoltura con tintes que nos recuerdan a la cara más lisérgica de Love, como de repente nos paraliza la inquietante y demoníaca voz tratada de Greep; o ese apabullante corte cuasi-cinematográfico que es The Race Is About To Begin y donde el spoken word más acelerado se da la mano con una fabulosa orquestación que nos hará sentir que estamos sentados ante un espectáculo mayúsculo y sin precedentes. Pero a pesar de que esta suerte de ópera-rock circense juegue con la sorpresa como herramienta principal (como prueba de ello, ahí están esas imprevistas pero altamente cuidadas bajadas de revoluciones que presentan con Still o la épica The Defence, donde coquetean exitosamente con el country), lo cierto es que Hellfire destaca precisamente por disponer ante nosotros de una notable cohesión entre sí y de una continuidad narrativa que provoca a sus visitantes la instantánea debilidad de caer embobados. La habilidosa forma con la que sus artífices juegan, alteran y experimentan con estructuras tan complejas y elevadas, indudablemente revela que black midi sigue siendo un proyecto que no es para todos (aunque tal vez este LP contenga algunos de sus episodios más accesibles hasta la fecha), pero exactamente por ello, la exquisitez en su hacer continúa confirmando que son una de las mejores bandas de la recién estrenada década. Con un hipnótico desorden por bandera, nos demuestran con Hellfire haber encontrado la sofisticación dentro de la barbarie.

 

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