Crítica: Björk - Fossora

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2 octubre, 2022
Redacción: Fran González

Björk - Fossora

Quizás cabría pensar que después de diez álbumes y una carrera plagada de hitos controvertidos que a nadie dejan indiferente no habría sitio para ir un paso más allá y que todo estaría ya inventado. Eso es porque aún, después de treinta años en la industria, los mortales todavía tenemos la osadía de subestimar el inabarcable imaginario que subyace en el hacer de esta compleja, sofisticada y excepcional artista islandesa. Björk Guðmundsdóttir lleva años sumergida en una vorágine de obras muy personales, donde su sonido no busca ni agradar a la crítica ni a la industria per sé, sino satisfacer sus deseos más íntimos de sanación y búsqueda. Así lo ha dejado claro en Fossora (One Little Independent Records, 2022), el décimo trabajo de estudio que la polifacética artista ha firmado. Un apasionante viaje por los recovecos de una mente creativa que ha redimensionado el concepto de art-pop a través de relatos intensos, sonidos contundentes y antagónicos, y una visión conceptual que escapa de cualquier estructura organizada conocida. Café para muy cafeteros.

Derivado del latín "excavar", las trece pistas que contienen Fossora hacen precisamente honor al concepto: mantener a la artista sostenida sobre la tierra en medio de un mar de introspectivos cambios y ahondar de forma meticulosa en las más íntimas vivencias que han rotado alrededor de ésta a lo largo de los cinco años que separan su nuevo LP de su anterior entrega, Utopia (One Little Independent Records, 2017). En cualquier proceso exploratorio, hay que retirar primero la capa más densa del principio para poder llegar a un terreno más amable. En el caso de Fossora nos damos de bruces con un primer corte salpicado de sonidos disonantes e incómodos que nos sacuden de un lado para otro como si nuestra mente fuera una coctelera. Una sección de clarinetes bajos y percusiones hondas y oscuras, totalmente contrapuestas al sonido volátil y ligero de Utopia, nos dan la bienvenida en Atopos junto a Kasimyn de Gabber Modus Operandi, revelando con ello las profundidades más retorcidas y lúgubres que su psique va a ser capaz de desvelar en adelante.

Un hacer compartido que nos entregará enloquecedores fragmentos que se sentirán casi como un viaje primitivo y poderoso hasta el subsuelo de nuestro ser (Trölla-Gabba), en el que encontraremos todo tipo de memorias, archivadas y organizadas como si de una biblioteca iluminada entre claroscuros se tratase (Freefall), hasta desenterrar por fin las claves de nuestra existencia, entre vítores y luz (Fossora y Fungal City).

Sin embargo, y a pesar de esa intricada arquitectura que Björk erige a través de pasajes del todo confusos y anárquicos, esto no es óbice para que lleguemos a encontrar incluso cierta calidez y acogimiento en sus cortes, un extraño sentir de bondad y cercanía que nos arropa entre capas de inquietud y placer (coros de voces polifónicas para Mycelia y Sorrowful Soil que parecen, directamente, darnos la bienvenida a una suerte de paraíso celestial y pulcro). La belleza impregnada en sus arreglos revela que, dentro de su particular personalidad, Björk ha querido cuidar los detalles al extremo dentro de este LP que, en ocasiones, se siente casi como un singular cuento de hadas que te envuelve sin oposición a huida (Ancestress), demostrando con ello las sobresalientes armas con las que la islandesa cuenta y subrayando el brillante storytelling que hay detrás del álbum. Una narrativa en la que su propia artífice ha querido dar cabida a episodios de su vida tan sensibles como el fallecimiento de su madre en 2018 ("The machine of her breathed all night, while she rested, revealed her resilience and then it didn’t" canta en la ya mencionada Sorrowful Soil), los hilos que sostienen la relación materno-filial entre la artista y sus hijos, Sindri Eldon e Isadora Bjarkardóttir Barney ("The more I love you, the stronger you become, the less you need me" canta junto a la susodicha, en Her Mother's House), o las líneas de sus más oscuros recuerdos (tal y como representa en uno de los cortes más gélidos del álbum, Victimhood).

Si algo podemos estar seguros tras volver de este viaje que supone adentrarse en Fossora es que éste no es un trabajo al uso y que la islandesa parece haber concebido, entre inintencionados ritmos sincopados, elementos orgánicos, voces tratadas digitalmente y retazos de índole privada, una de las obras definitivas dentro de su ya de por sí meteórica carrera.

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