Crítica: Biznaga - Gran Pantalla

11 marzo, 2020
Redaccíon: dod Magazine

Biznaga - Gran Pantalla

Redacción: Andrea Genovart

Seguramente podríamos hablar maravillas del disco solo por su excelente portada: una mosca aplastada, muerta, en un cristal de una ventana, que ocupan más espacio el despilfarro de sus sedimentos que lo que supone el animal en sí. Con esta brillante imagen, ¿puede haber otra metáfora mejor de lo que supone nuestro día a día en esta modernidad que nos prometen, que sufrimos y que parece ser que nunca vamos a disfrutar? Pues sí, y es todo lo que hay en cada uno de los temas que forman el repertorio del último disco de Biznaga, Gran Pantalla.

El tercer disco de los madrileños tiene mucho de lo que puedes esperar si previamente estabas familiarizado con la banda. Y eso no tiene que ser necesariamente una decepción, al contrario. Gran Pantalla no es más de lo mismo, pero sí que se mantiene en unas coordenadas previamente establecidas. Se mantienen, más firmes que nunca, esa actitud que tanto nos gusta del grupo y que tiene que ver con un vandalismo y una crítica sistémica, absoluta, que sigue intacta. Seguimos, pues, encontrando el punk, pero esta vez en un peldaño más áspero y más limado. La agresividad, lo frenético y la energía vuelven a desbordar, y desde su pureza aún menos edulcorada. Lo combatiente, pues, transpira por los poros de cada segundo de cada canción,  dirigido sobre todo por unas letras construidas a través de un sentido de denuncia. Como, al final, son las canciones de Biznaga.

No obstante, en Gran Pantalla hay un hilo conductor muy preciso. El blanco es, com indica el título de su último larga duración, nuestro mundo tecnológico, que hoy en día supone una violencia y adulteración de nuestro carácter. Parece ser que según la banda es algo asfixiante porque es de lo que no tenemos escapatoria, ya que el gran éxito de su total expansión consiste en entrometerse en el hecho más significante y cotidiano de nuestros días, hasta el punto de cambiar cualquier tipo de contacto y relaciones interpersonales. Así pues, si tenemos en cuenta a todo ese armamento contra el que hay que luchar por parte de la banda podemos reconocer que no, que no hay ninguna gran sorpresa. Aunque sí un sonido mejorado. Porque al final la música, si todo va bien, es como el vino, que año tras año va inevitablemente madurando. Y eso no solamente le pasa a Biznaga, sino también lo podemos comparar con los incuestionables reyes de trono Mujeres o los valencianos Futuro Terror.

Con letras tituladas 2K20, Producción de sentido: 24/7, La Pantalla: Usos o Error 404, por citar algunos ejemplos, podemos ver de una forma más que evidente la obsesión de la banda por esta nuevas formas de sociedad de control a costa de nuestra esclavitud resultante de nuestra enmascarada adición a las pantallas. Cabe reconocer la gracia en que un grupo de un sonido tan viejuno y clásico como Biznaga, de esos que no se han vendido a la postproducción y al juego transversal de etiquetas, de ese sonido que nuestros padres más punkis recordarán a sus épocas más jóvenes, trata como tema fundamental algo totalmente moderno. Aunque cabe mencionar que esta vez, en algunas canciones como La Pantalla: Abusos, se atreven con la incorporación de una voz de ordenador para darle el aire futurista que tiene, en el fondo, todo el repertorio. Pero escuchando el disco, de lo que te das cuenta es que para entender y conectar con todo esta angustia estructural no es necesario utilizar un lenguaje millenial, ni que quienes lo canten sean chavales que se han crecido con el ordenador y ahora se autoproducen con programas de mezcla. Al contrario. Biznaga hace todo eso, y lo consigue, desde la reflexión más cruda y cínica, con la descripción más desnuda. De la misma forma que retrataron en su momento lo podrido en Una ciudad cualquiera.

En cuanto a la música, cabe decir que tiene un tono quizá más introvertido y oscuro que los dos álbumes anteriores. Aunque supongo que eso tiene que ver con la carga reflexiva, obsesiva y exclusiva de los temas, que giran entorno al mismo concepto de no - revolución tecnológica. No obstante, unos tonos bajos y esa distorsión de la voz, que nos llega desde el ruido y las capas de guitarra, refleja perfectamente esa sobreestimulación tan barroca que vivimos y contra la cual cuesta levantar cabeza. De este modo, el trabajo de Gran Pantalla de Biznaga se erige como un trabajo serio y contundente, alejado un poco más de la diversión que nos habían dosificado anteriormente. Que habrá pogos, por supuesto. Aunque quizá no desde la euforia contenida, sino desde la rabia reprimida e infundada. Pero que ya está bien, si al final uno se acuesta más consciente y con los pies más en el suelo de los que tenía en el día de ayer.


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