Crítica: Big Thief - U.F.O.F.

27 mayo, 2019
Redaccíon: dod Magazine

Big Thief - U.F.O.F. (2019)

Redacción: Andrea Genovart

Aquello extraño suelen producirnos rechazo. O, como mínimo, una cierta distancia escéptica. Como lo que genera la idea del ser alienígena: una mezcla de curiosidad por lo desconocido a la vez que un acercamiento desde una inapelable prudencia. A fin de cuentas, por mucho discurso vitalizador animándonos a probar lo nuevo, el ser humano busca reconocerse en la seguridad de lo conocido. Los cambios, aunque sean para bien, asustan.

El tercer disco de Big Thief no es algo totalmente innovador o rupturista con sus anteriores discos. De hecho, es bastante continuista. Con una primera escucha, ya estamos agradecidos de un sonido tan fino. Además de identificar su evolución hacia un sonido cada vez más delicado y cuidado. No obstante, en el recorrido de este cuarteto, que ahora goza de una imagen más sólida que nunca, hay la lucha por conquistar un nuevo concepto. Big Thief abre los brazos hacia la indefinición y hace de lo extraño por desfigurado un nuevo hábitat donde, además de sentirse cómodos, hacen crecer la identidad como grupo. U.F.O.F. (2019, 4AD) es, precisamente, un acercamiento y exploración a nuevas formas con las que han mantenido una relación de permeabilidad. No se trata de un sonido muy excéntrico - de hecho, obedece a una lógica intuitiva de sus anteriores discos - sino de la búsqueda, a través del rodeo, de los límites precisos de su lugar específico. Como si fuesen niños burbuja, la banda consigue transmitir la sensación de que haber forjado una banda hecha a imagen y semejanza de ellos mismos. Lejos de cualquier contacto que les pueda influenciar, esto es, contaminar. Sin que nos digan claramente hey, este es nuestro contenido. Así pues, entrar en su música supone un papel activo de quién los escucha: intuición y sensibilidad en su máxima expresión.

U.F.O.F. es, sin duda, el mejor disco de Big Thief. O de ello se hace eco toda la crítica desde su lanzamiento - un 9,2 en Pitchfork no es moco de pavo, más aún con el último histórico de reseñas. Por un lado, encontramos que la portada tan kitsch, sentados de una forma tan llana y sencilla sobre un campo, no hace justicia a lo que supone el repertorio. Se trata de una fotografía totalmente impersonal, que nada tiene que ver con la precisión y el matiz de la banda. Pero por otro lado, su formato podría corresponderse con la línea angelical que transmiten en cada una de sus canciones, que se desenvuelven de una forma fluida, progresiva y lineal. Algo que podría ser perfecto si existiera la realización del término. Un disco redondo, de sencillos que se entrelazan y se desarrollan sin quiebras, sin desvíos, sin paréntesis. Y de esta manera, la banda avanza a través de unos pasos milimétricos y constantes, pero con una dinámica tan construida y bien atada que resulta decisiva hacia su subida hacia lo más alto. Con Contact, tema encargado de abrir el disco, ilustran este ambiente de misticismo que también encontramos en el extremado dolor y lamento de Terminal Paradise o Open Desert. En U.F.O.F. - las siglas de ovni en inglés pero con el añadido de la F final de Friend -, From y Century también encontraríamos este encantamiento; en ellas quizá no hay de un modo tan evidente una música embriagadora pero sí unas estructuras reiterativas y coros que insisten en las coordenadas de cierto imaginario, además de una voz que alterna el susurro con un tono de nitidez infantil. El efecto de surrealismo - donde tiene mucho que ver letras que hablan de animales personificados y que permiten apelar a un universal desde algo puramente anecdótico, jugando constantmente con las dimensiones de lo natural y lo sobrenatural - y de ensoñación es, precisamente, lo que permite a la banda alejarse de las propuestas de cantaoras como Snail Mail o Julien Baker, artistas con las que suelen compararlos. Y es que, aunque en una primera impresión pueda parecerlo, Big Thief no se caracterizan únicamente por ser una banda de registro folk.

Es la voz de Adrianne, que con el tiempo ha ido ganando terreno y protagonismo - en Magic Dealer ya es total -, la causante de dirigir la canción hacia un escenario bucólico de un modo totalmente encisador - y es que es precisamente la ecología el imaginario simplificado de una posible definición del disco y de la banda. Lenker es la encargada de regular las subidas y bajadas, la intensidad, de cada canción. Pero siempre va un paso por delante que el resto de la banda. Y no lo esconde. Por ejemplo, en Betsy - ya es algo propio del grupo llenar su imaginario con nombres de propios, véase la magnífica Carolina - se aprecia cómo la cantante parece languidecer y luego elige retomar la fuerza de la canción; así pues, podríamos afirmar que la música aparece supeditada al ánimo. La banda le acompaña como quien sigue a alguien sin hacer ruido porque no quiere asustarlo, con la virtud del sigilo. Seguida por batería e instrumentos de cuerda que no ambicionan hacer ningún paripé, ni piden turnos para liderar el espacio central, Lenker toma la batuta de los temas para convertirlos en un paseo fantástico que quizá no entiendes del todo pero sí sabes que te tiene encantado. En el sentido literal del término. Todo ello con aires remotos de Galaxie 500 y Grizzly Bear en temas más rítmicos como Cattails, que por su tempo tan altamente marcado recuerda más bien a un cántico o música folklórica.

U.F.O.F. es un disco de canciones más bien lentas, sin ser por ello baladas. Sin embargo, podemos apreciar que se alejan de las guitarras más ruidosas de Masterpiece - debut que parece lejos pero que fue sacado en 2016. El tono de lamento, pero que esconde unas letras llenas de matices -“Fragile is that I mourn her death / As our limbs are twisting in her bedroom / Lies, lies, lies / Lies in her eyes”, canta en Orange - es lo que hace del disco un tercer LP insólito y especial. El dolor que canta Lenker es agridulce - Open Doors aparece inocentemente pero acaba por hacernos un corte profundo - porque es bello y, sobretodo, porque no es expuesto. El éxito de la banda de Brooklyn reside en despertar en ti la curiosidad de hacerte entrar, sentarte y escuchar.

Con U.F.O.F., Big Thief parecen haber pulido todas aquellas aristas que no tenían que ver con algo cualitativo sino con aquello que despistaba a la hora de asentarse en un lugar donde estás haciendo hueco para entrar. Que ahora lo tienen, y su forma es además de reconocible aplaudida, ya es indiscutible. Concebidos a través de una fragilidad tan mágica, nos coloca en un puesto también exigente para nosotros como críticos: ante semejante acto de belleza, tan milimétricamente pensado, no nos atreveríamos a hacer un juicio sin rigor. No sería justo, pues, que el proyecto y la música de los neoyorkinos se viera simplificado: precisamente en su matiz, que se manifiesta de modo perseverante, reside su capacidad de hacernos maravillar.

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