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Crítica: Big Thief - Dragon New Warm Mountain I Believe in You

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Crítica: Big Thief - Dragon New Warm Mountain I Believe in You

Redacción: Fran González

Solo ellos saben cómo compensar la eterna espera que han supuesto estos tres años que separan sus últimos dos trabajos de su actual retorno. Si su objetivo era enmendar dicho paréntesis, un álbum doble es exactamente lo que necesitábamos para saciar la demora, y pocas son las palabras que podemos articular después de sumergirnos en esta road movie sonora que supone “Dragon New Warm Mountain I Believe in You(4AD, 2022). Es probable que el cuarteto de Brooklyn acabe de firmar con mérito y crédito su trabajo más ambicioso y excepcional hasta la fecha, siendo este quinto álbum una majestuosa panorámica que recoge la travesía profesional que ha llevado a la banda a grabar hasta en cuatro localizaciones diferentes (Nueva York, California, Colorado y Arizona) y cuya mezcolanza de sabores itinerantes se aprecia con excelsa notoriedad en los matices versátiles que este proyecto exhibe.

Si en 2019 los miembros de Big Thief ya consagraron esa loable reputación de prodigios del folk-rock independiente con dos merecidamente aclamados trabajos (“U.F.O.F.” y “Two Hands”), es ahora cuando la fórmula empleada en sendos álbumes ha logrado evolucionar hasta un punto definitivo y crucial de belleza, fragilidad y emoción. De un total de 45 canciones (lo cual nos hace desde ya fantasear con la posibilidad de que pueda haber una segunda parte en algún momento) surgen estas veinte piezas, que gracias a su depurada técnica, son garantía de éxito y acaban ofreciéndonos la perfecta banda sonora para zambullirnos en las profundidades de la naturaleza y de nuestro propio ser.
Sin perder nunca ese deje introspectivo y casi ensoñador que solo la inconfundible voz de Adrianne Lenker es capaz de ofrecer, el cuarteto también hace alarde de su valentía al enfrentarse a nuevos retos dentro de sus dominios usuales, con piezas tan destacables como ‘Spud Infinity’, que entre violines, didgeridoos y esos pegadizos “what’s it gonna take?” la convierten en la pieza definitiva de country amable y luminoso que cualquier excursionista se moriría por escuchar a la lumbre de un fuego. Continuando con esa esencia que parece querer llevarnos de pleno a un tórrido desierto escarlata, nos topamos con ‘Certainty’, otra de esas muestras en las que esa imagen de una vida en carretera se hace presente y volvemos a comprobar la eficiente mano del cuarteto a bordo de los sonidos de alt-country y americana más sólidos (en compañía de las agudas entonaciones de Buck Meek que logran completar la escena pretendida).
Más enmarcada en el sonido familiar que cabría esperar de Big Thief, pero sumida en un halo de sobrecogedor fondo, damos con ‘Little Things’, cuyo relato crudo de amor roto transita entre agitadas y secas instrumentaciones y en medio de esa Nueva York abarrotada ruge la voz de Lenker alcanzando unas inusitadas cuotas de emotividad y liberación (“Will you stay? Will you feel? You’ll feel”). Es precisamente esa narrativa sencilla la que logra que nuestro imaginario conecte de una manera tan fluida con el de los estadounidenses, quienes saben hilar con maestría y dominio una orquestación cautivadora junto a una prosa rompedora, no apta para cualquier época emocional de la vida.
Con la mirada ya puesta en ese segundo tramo del disco, nos sorprendemos comprobando cómo aún quedan varias gemas con valor propio capaces de deslumbrar notablemente (los destellos a lo June Carter Cash de ‘Red Moon’, los gentiles vientos en ‘No Reason’, los melódicos ritmos casi en clave de R&B para ‘Simulation Swarm’, o la dylaniana ‘Love Love Love’). Un surtido inacabable, dispar y heterogéneo de pistas a las que, para más inri, todavía puede elevar a una siguiente potencia la inefable mano de James Krivchenia, batería de la banda y responsable de la producción.

El remache final lo firma una agradable ‘Blue Lightning’, orquestada en la línea de esa colección de temas ya mencionados que bien podrían ambientar un gran salón de baile a golpe de sombrero, botas y Budweiser y un agridulce y quebrado optimismo tan propio. Al concluir, una voz sentencia con un tenue “what should we do now?”, a lo que nosotros tan solo podemos responder que nos quedaremos soñando despiertos en el interior de esta colección de canciones mientras esperamos como agua de junio a que llegue su trasbordo en el Primavera Sound.

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