Crítica: Big Red Machine - Big Red Machine

15 enero, 2019
Redaccíon: dod Magazine

Big Red Machine (2018)

Redacción: Andrea Genovart

A nadie sorprende que Big Red Machine (2018, People) sea considerada una obra de arte. De aquellas que no puedes dejar de mirar mientras se te cae la baba porque han sido capaz de quitarte toda habla. A nadie sorprende tampoco que ésto suceda del cruce de ideas resultante de la colaboración de dos amigos que no podían contener más genialidad, estos es, de Aaron Dessner (The National) y Justin Vernon (Bon Iver).

Big Red Machine, disco de título homónimo al nombre de la banda, podría explicarse de muchas maneras. Pero nunca de una única forma. Es uno de de esos discos que no se comprende tanto por lo que ofrece en sí sino por el contexto que lo envuelve. Y para ello es necesario rodear a estos diez temas de todo lo que le conforma, de aquellos aspectos que no son puramente musicales pero que sí explican la forma de entender y acercarse a los que sí lo son. Nos referimos a las personalidades de Vernon y Dessner: dos músicos ambiciosos que buscan nuevas formas con las que experimentar la música, al margen de los circuitos de su mercado, regido por leyes capitalistas donde lo fácil e inmediato impera y condiciona nuestra experiencia a la hora de escuchar cada tema. También nos referimos a sus armas creadas para combatir toda esta sombra que amenaza lo esencial de cada nota: la creación de PEOPLE, plataforma online y festival que apoya a todas aquellas formas independientes, al margen de los grandes nombres, y que busca dar a conocer otras vías de expresión que no suelen estar apoyadas por los medios de promoción convencionales. Un espacio, en definitiva, que permite el retorno a los orígenes primitivos de una experiencia inmediata y sensorial.

A lo largo de estos años, hemos podido percibir la insistencia de estos dos artistas en descubrir otros caminos que supongan una distancia necesaria de explorar otras formas de entender la música. De vivirla. Es de vox populi la tristeza que intenta rescatar, en su máxima expresión, Vernon: necesitó escribir un disco para superar un desamor con For Emma, Forever Ago (2007) y luego se enfrontó a su ansiedad en 22 A, million (2016). Y no contento con ello - que lleve mal su fama es otro secreto a voces -, buscó nuevas vías en las que refugiarse - o liberarse - creando grupos como Volcano Choir y The Shouting Matches. Dessner es para ello el aliado y compañero de batalla perfecto: alguien capaz de entender una sensibilidad extrema pero con la capacidad creativa de transformarla y sanar para no dejarte matar por ella. El contrapunto agridulce que, sin negarla, te distancia de la penumbra absoluta. Porque así es The National: el relato de una elegante nostalgia de un pasado que, aunque amenaza con su sombra detrás, ya no convive a tu lado.

Es, de hecho, esta forma de lenta de procesar - los dos artistas tardaron más de diez años en cuadrar agendas para grabar el disco después de un primer contacto - lo que explica Big Red Machine. Son canciones de digestión pesada pero intensa y, sobre todo, bellas. Aquí la densidad no es molesta: te envuelve y convives con ella. Y aún así, consiguen ser canciones escurridizas que nunca acaban por estar cerradas: capas y capas instrumentales con letras sin ningún tipo de continuidad ni coherencia que explican el universo simbólico y únicamente lógico de Vernon. Pero en Big Red Machine, esa inconexión no importa y cumple con su función estética.La música de Vernon y Dessner busca siempre la experimentación y, con ella, el placer de perderse: cambia las reglas del juego si es que existe algún tipo de referencia.

Existe un sonido folk de fondo que nunca se pierde, percusiones troceadas constantes y la presencia de la electrónica que nos daba la bienvenida en el último disco de Bon Iver: es el el único denominador común que podemos rescatar de éste disco que no busca cohesión alguna sino una conexión exclusivamente sensorial. Pero aunque no haya esa fluidez instrumental, Big Red Machine suena a lluvia, a cabaña, a introspección aislada. Encuentra, en sus propias leyes, la armonía compositiva y conecta con la Naturaleza en su vertiente más compleja. Se trata de un hedonismo reivindicado y rescatado a través de formas intangibles, detrás del cual se esconde una crítica a las formas de consumir música y venderla en nuestra sociedad.

Big Red Machine es un proyecto y álbum impresionista. Un sonido que, por lo tanto, no deben ser valorado más allá de la forma en cómo se relaciona con uno mismo; en lo que a uno produce, en lo que logra mover dentro de ti. Para cada uno algo distinto, pero real: Big Red Machine es un grito a la autenticidad. Una reivindicación al núcleo irreductible de La Gran Máquina Roja. O al corazón de la música.


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