Crítica: Beirut - Gallipoli

6 febrero, 2019
Redaccíon: dod Magazine

Beirut - Gallipoli (2019)

Redacción: Ozantoño Torres

Hay en Sevilla un barrio, uno de los antiguos arrabales, cuyas tradiciones, cultura e idiosincrasia lo hacen mítico; hablo, claro está, de Triana. De entre miles de esas cuestiones una tiene mucho que ver con este disco del que voy a hablar. O de lo que él se intuye. No sé si conocen la Banda de Cornetas y Tambores del Cristo de las Tres Caídas. Os cuento; es la que acompaña al Misterio del Señor de las Tres Caídas en La Madrugá Sevillana. Sus cornetas, cornetín y tambores son conocidos por como encajan el paso de misterio con la música; lo que se conoce como las chicotás. Y cuando entonan La Pasión, recién estando el paso en la calle, sabes que viene algo que te va a sobrecoger. Con este disco de la banda liderada por Zach Condon me ha pasado igual. En cuanto escuché hace semanas el single Gallipoli supe que lo que venía por lontananza no iba a ser un disco cualquiera. Y, bueno, ya que hablamos de trompetas, cornetas y tambores justo también decir que, si por algo es conocida esta banda, es por el uso de estos instrumentos aunque, en vez de los sones trianeros, ellos lo hacen al compás de los aires balcánicos.

Su anterior trabajo No No No (2015) fue menos preciso y, tal vez, pasó más inadvertido para la crítica y el público. Pero ya digo, en cuánto llegaron los primeros compases del single adelanto, me cogió una cosita debido a las sensaciones –todas buenas- que experimenté. Sabíamos que venían con fuerza y ganas. Y no han defraudado.

Han sabido sobreponerse y, de nuevo, estar en cabeza para sacar rédito a este nuevo trabajo. Justo decir que tiene la garra de aquellos primeros trabajos. Y es algo de agradecer. Mucho. Porque su disco ha recorrido diferentes localizaciones y se nota en el sonido. Quiero decir con esto que, del clásico sonido de los Balcanes, se han paseado por el Berlín moderno y la jungla neoyorkina. Y eso es clarividente en los sones electrónicos que acompañan al mismo. Por ejemplo, el instrumental On Mainau Island o Landslide” dos piezas de sonido puramente europeo con su teclado farfisa y el korg haciendo saltar chispas. Son dos piezas del disco dotadas de un concepto mucho más moderno de lo que acostumbramos en la línea Beirut. Y se agradece.

En la producción del mismo, el eterno acompañante de la banda; Gabe Wax, que ha vuelto a sacar jugo a las piezas encajando las mismas con la precisión de un tetris. Tanto el trombón de Ben Lanz como la trompeta de Kyle Reznick tienen unas connotaciones virtuosas, inéditas hasta el momento en la banda. Es por ello importante destacar lo bien que quedan ambas en When I Die y, por supuesto, en el tema titular que se le ocurrió mientras veía una procesión en Gallipoli, comandada por unos curas que llevaban la estatua del santo de la ciudad por sus calles. Pero eso es porque no han estado una Semana Santa en La Madrugá sevillana porque los sones de Gallipoli te llevan irremediablemente a ver el paso del Señor de las Tres Caídas con el romano Rafaé a lomos del caballo Calamar. Todo lo demás está en la línea características de los juegos florales para con el bajo de Collins y la batería de Petree.

Dejando atrás el clima político de los Balcanes es evidente que ha tomado un atajo por la vieja Europa. El remate del disco es purito art-noveau; Light in the Atol”, We Never Lived Here y Fin son de una belleza sublime que te deja en la cama tumbado un rato.

Si hace 13 años alucinaste con los sones de Gulag Orkestar, el tema que abría el primer disco con este te va a pasar lo mismito. Y en Gallipoli vuelven los juegos de vientos, esos llantos a modo de coro e incluso algún que otro himno de taberna.

Un disco bien de ukeleles (hablo, claro está, del Varieties of Exile). La única pega que le puedo poner es que fuerza cada sonido al límite, pero también de ciertas exageraciones vive Beirut.

En la nota de prensa que envió su casa de discos para promocionarlo dice que Gallipoli habla sobre “el lamentable espectáculo de la política en Estados Unidos, el imparable frenesí mediático en torno a él y los prohibitivos precios de los estudios y el alojamiento en Nueva York”, y cierto es que, tras escuchar este disco, y como dije previamente, podemos viajar a lugares maravillosos sin movernos del cuarto de estar o donde tengamos enchufados el equipo. Que llegue ya la primavera, porque la trompetera la tenemos aquí y se llama Gallipoli.

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