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Crítica: Been Stellar - Scream From New York, NY

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Been Stellar - Scream From New York, NY (2024)

Desde el lanzamiento de su previo trabajo en formato breve, los estadounidenses Been Stellar llevaban meses postulándose como una de las grandes revelaciones del indie-rock actual, y su debut en larga duración con Scream From New York, NY (Dirty Hit, 2024) reafirma todas nuestras sospechas.

El joven quinteto, conformado por Nando Dale, Nicolas Brunstein, Sam Slocum, Laila Wayans y Skyler Knapp consigue vencer con tino y presteza la losa de tópicos que trae consigo el hecho de pertenecer a una escena como la de su ciudad adoptiva (que si la manoseada herencia del CBGB y la Velvet, que si los paralelismos fuera de tiesto con Casablancas, que si la alargada sombra del revival indie dosmilero...) y ofrecen a través de sus diez canciones una crónica sonora de lo que supone (sobre)vivir en la Gran Manzana a través de los ojos de su generación. Con la soltura y seguridad que les da haberse fogueado previamente en directo en numerosas ocasiones, el conjunto firma aquí una carta de presentación con los deberes bien hechos, donde lírica y melodía se postran al servicio de un coherente eclecticismo estético que no deja cabos sueltos.

Sin embargo, y a pesar de esa multiplicidad de estilos encontrada, hay un hilo común que ata con precisión los distintos capítulos de Scream From New York, NY y es ese maravilloso horror vacui instrumental que convierte cada una de sus piezas en diferentes puntos en los que perderse, evocándonos realmente la sensación de estar deambulando por las mismas calles que inspiraron a sus responsables. El quinteto, al ser original de diferentes partes de Norteamérica, también cae en los tópicos idealizados y romanticismos subjetivos de quien aterriza por vez primera en una geografía urbana tan icónica como la neoyorquina (Start Again), pero pronto se darán cuenta de que la realidad es siempre más áspera que los sueños.

Así, y de la mano de un ecuánime intercambio de géneros dirigidos con consistencia y armonía, comprobamos que la banda no se resigna únicamente a pivotar en los lugares comunes que se le suponen propios al indie rock neoyorquino, sino que sus miembros terminan por crear un interesante combinado de guitarras, distorsión y escepticismo vital en el que tan pronto caben destellos de rock moderno (Passing Judgement) y pop con sabor a himno indie-sleaze (Sweet), como decadentes huellas de post-grunge (Can't Look Away), dream pop intimista (Pumpkin) y vaporosos paisajes de shoegaze (I Have The Answer). Un equilibrio bien logrado entre el tributo al referente y el camino propio que sin duda hará las delicias de quienes aprecien un buen noventazo.

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