Crítica: Beach House - 7

10 mayo, 2018
Redaccíon: dod Magazine

Beach House - 7

Redacción: Andrea Genovart

Para el grupo de Baltimore el 7 sí les es un número verdaderamente mágico. 7 es un número primo, exclusivo. Incomparable. 7 (2018, Bella Union) es para la banda y para nosotros, por fin, ese larga duración que rompe con la inercia en que se había convertido Beach House: un dueto previsible, encasillado, agotado. Contra todo pronóstico y expectativas, Victoria Legrand y Alex Scally ahora lanzan su séptimo disco. Esta vez han decidido no grabarlo en el mismo estudio, ni de una sola vez, sino que han ido haciéndolo poco a poco, a medida que iban componiendo las canciones. Aunque en en el mundo de la música sea raro, sin construir la casa por el tejado. Hay los que opinan que los medios influyen en los resultados y en su caso parece ser que era necesario este cambio en la producción si su intención es la de crear en su trayectoria un punto de inflexión.

7 es el resultado de volver al orígen después de 77 canciones durante 13 años. 7 es el retorno, la nostalgia de un acto de composición inocente sin presiones externas. Sin proyecciones que no tienen que ver con la música. Sin los directos, sin la prensa, sin el público. Sin contaminarse, sin volverse traslúcido. 7 es la ambición que se nutre de la ilusión de cuando no tienes nada que perder porque todavía no has ganado nada. El estadio previo a hacerse un adulto olvidadizo de la niñez. Es la generosidad de una actitud naif.

Beach House han intentado todo eso y la verdad es que lo han conseguido. 11 temas donde por fin sacan a relucir lo que algunos dudábamos de si realmente existía: su lado más espontáneo. Un sonido sencillo - que no simple - que se aleja de la música de estudio y de las obsesiones de detrás por cuadrar un set redondo y sucesivo. De hecho, en algunos temas se prescinde de la guitarra y del piano, creando por fin canciones distintas y diferenciadas entre ellas. Con personalidad. Beach House por fin se alejan de su dream pop exclusivo y llevado a cabo de forma casi absoluta - que lo sigue habiendo, en Girl Of Power o Woo - para tantear en unos aires shoegaze o noise que les acercan más a Slowdive que a Galaxie 500 o Cigarrettes After Sex.

Dark Spring es un opening sin duda prometedor y revelador de esta negrura acentuada, atmósfera a la que se le añaden Pay No Mind y Lemon Glow. Si que en Lose Your Smile podríamos encontrar quizá ese encandilamiento de una voz vaporosa que es seña de identidad de la banda; registro que volvemos a ver en Dive pero de un modo significativo y representativo de lo que supone el matiz perseguido en de su disco. En ésta, que de principios podría sonarnos como nada novedoso y sugerente, es decir, a lo que llevan haciendo en sus últimos años, de repente sorprende con un potente giro instrumental que cambia el tono, la estructura y la velocidad de la canción por completo. Algo, por lo tanto, atrevido: cualidad que hasta la fecha brillaba por su ausencia. No obstante, sin duda la parte intrigante y experimental es protagonizada por Black Car - séptima pista, no casual -; sería quizá la pieza más oscura, con la notoriedad de unos sintetizadores de tempo constante que recrean esa sensación de angustia que se refleja en el contenido de todas ellas. Y, por supuesto, el cierre magistral de Last Ride que juega con el contraste radical establecido por la fragilidad de un piano con la disonancia de un sintetizador.

La dulce penumbra ahora es menos dulce y, en este nuevo cruce de luces, todo tiende a que apenas quede rastro en un futuro. Siguen predominando, por supuesto, los tonos suaves y sus movimientos de oleada: si no no estaríamos reseñando a Beach House. Sin embargo, se percibe la conciencia de que esos rasgos no debe ser ya más la zona de confort de la banda aunque ello no debe suponer renunciar a su tendencia natural. 7 es, pues, una evolución tan evidente que no puede no ser compartida e identificada por la banda, que así lo ha declarado abiertamente, y por aquellos seguidores ahora convencidos de de que son capaces de construir una imagen sin analogía posible. Es decir, La Unicidad - de 7. ¿Y no son precisamente eso, los números primos?


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