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Crítica: Bat For Lashes - The Dream of Delphi

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Bat For Lashes - The Dream of Delphi (2024)

La maternidad primeriza lleva décadas siendo una gran fuente de inspiración para artistas y cantantes de todas las edades, estilos y registros. Un lugar común que no por reiterado e insistido deja de brindarnos álbumes verdaderamente bellos. El último en llegarnos bajo este pretexto es el que ha supuesto el regreso formal de la londinense Natasha Khan, más conocida como Bat For Lashes, quien ha tenido a bien dedicarle su primer disco en cinco años a su hija.

Como solo puede intuirse de un larga duración de estas características, The Dream of Delphi (2024) es un enternecedor cancionero que homenajea con delicadeza y sentimiento hasta el último detalle de esos primeros días mágicos que acontecen tras el alumbramiento. Las caricias, los gestos, las primeras veces. Un dulce álbum de memorias sonoras destinado a capturar la fugacidad del momento, convirtiéndose así en un emocionante patrimonio para la aludida el día de mañana.

Sin embargo, no está tan claro que en términos discográficos el elepé vaya a tener una trascendencia tan significativa como en lo personal y familiar. Sin negar el evidente esplendor que destila la propuesta, son varias las razones por las cuales durante su escucha podemos llegar a sentirnos un tanto desconectados o fuera de tono. Para empezar, y como consecuencia directa del contexto anteriormente explicado, hablamos del que muy probablemente sea el trabajo más orquestal de la londinense, con tramos excesivamente etéreos y atmosféricos, nanas de cuna reinventadas con sofisticación pero sin pegada y piezas instrumentales que directamente carecen de una melodía ostensible a la que asirnos.

A su vez, también descubrimos ciertos atisbos de ideas que podrían haber dado mucho más de sí y que desafortunadamente terminan convirtiéndose en mero relleno (véase esa balada ochentera que es Breaking Up, cuyos saxos parecen prometernos un tema con más recorrido antes de terminar precozmente truncado). Este principio colinda directamente con el minimalismo del que Khan hace gala en gran parte del disco, llevando por delante la máxima de que menos es más y firmando destacables aportes que así lo justifican (un simple teclado y una caja de ritmos hacen de Home uno de los cortes más brillantes del montante).

Y ya que lo mencionamos, nadie podrá negar que con sus cachivaches electrónicos Khan hace verdaderas virguerías al volante. Desde esa suerte de new age que subterráneamente acompaña las líneas de la homónima The Dream of Delphi hasta la combinación entre lo sintético y lo analógico ofrecida en Delphi Dancing, la británica le hace justicia a sus dotes multinstrumentistas y con más razón acredita así nuestras sospechas de que el disco podría haber desarrollado algunos enfoques con mejor suerte.

Fuere como fuere, el resultado es éste: un disco alejado en su conjunto de la inmediatez y el efectismo en favor de un pop neoclásico que hace de sus once pistas una interesante banda sonora para una apacible mañana de domingo, pero también un cuestionable paso adelante en su historial profesional.

 

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