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Crítica: Arima - Beldurrez Beste Egitean

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Arima - Beldurrez Beste Egitean

El de Arima es uno de esos nombres que uno no entiende cómo no poseen a día de hoy oyentes y escuchas en streaming a canto y pata. Uno de esos conjuntos que, pese a su misterio innato, no dudan en desnudar su alma desde la más cruda y veraz esfera, revelando con ello una capacidad de catarsis sobrecogedora y estremecedora que crece progresivamente hasta entregarnos piezas que duelen, que echan limón en las heridas y que labran un clima desolador y angustioso pero bello hasta el último detalle.

A través de sus anteriores EPs, el cuarteto de Euskal Herria, ahora conformado por Paule y Gontzal Bilbao, Josu González y Josu Palacios, había explorado sonidos más contundentes y sobrecargados. Sin embargo, con Beldurrez Beste Egitean (2023), su tercer trabajo de corta duración, y cuatro piezas con las que la banda comprende que menos es más y con las que sus miembros deciden ir directos al meollo de la emoción, echando mano de sus principales recursos y explotándolos con conmovedor acierto.

Beldurrez Beste Egitean, algo así como “hacerlo a pesar del miedo”, se entiende como el final de un viaje que arrancó en 2019 con Metamorphosis, continuó en 2021 con Biluztasunez Jantitza y ahora se hermana con el presente, dejando la oscuridad atrás y abrazando con firmeza la cara más luminosa de la expectativa. Esa que emerge como una heroica superviviente entre el magma de incertidumbre que ha marcado el ir y venir de los tiempos actuales y que ahora, con tantos peros y letras pequeñas, nos concede una parcial tregua.

Ese espíritu de optimismo controlado bien patente queda en Jarraitzea Erabaki Nuen, un ejemplo de cómo la luz también puede filtrarse entre la maraña de tinieblas e incidir en nuestra proyección y en nuestras ganas de percutir y continuar hacia adelante, aunque cueste. No se olvidan de dónde vienen, por supuesto, y así lo demuestran en su acto de apertura, Itzalen Hutsunean, una serena y oscura oda a las sombras y al vacío en la que el profundo y poderoso chorro de voz de Paule crece entre guitarrazos de reverb y posterior distorsión que nos lleva de pleno a esos escenarios de auto-destrucción y caos. Hasta qué punto el clima donostiarra ha marcado el ritmo y la pulsión de este trabajo son secretos que quedan entre las canciones y sus responsables, pero lo que sin duda muestran con piezas como Kea Eta Larruak es esa firme intención por no quedarse nada dentro y compartir sus sentimientos más personales y privados con nosotros, marcados por un sinfín de interrogantes que aluden directamente a su concepción del amor, la realidad que les rodea y esos aprendizajes vitales que solo el valor de la experiencia y la transmisión más cercana te ofrecen. La euforia más noise se abre paso en Oroigarri Bat, donde los recuerdos son la gasolina para emprender el vuelo y el motivo por el que mirar atrás solo debe servir para coger impulso.

Volviéndose a apoyar en Txap de Lisabö para la producción de este nuevo proyecto, el cuarteto vasco Arima nos transmite la sensación de haber cerrado una etapa por todo lo alto con Beldurrez Beste Egitean, tirando de un mensaje vitalista y reconfortante para confirmar un sonido impecable que les aproxima al shoegaze más primigenio y al post-rock más liberador. Todas las lupas del mundo puestas desde ya en esta formación.

 

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