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Crítica: Anna Andreu - La Mida

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Anna Andreu - La Mida (2022)Son ya dos años los que han pasado desde que la ex-vocalista del extinto dúo Cálido Home oficializase su carrera en solitario, impulsada por Hidden Track Records, dejando atrás ese lado folkie y west coast que definía su hacer conjunto. Apostando ahora por una canción de corte más mediterráneo e íntima, Anna Andreu vuelve a confirmar con un segundo álbum que tras el ya pretérito éxito de “Els Mals Costums(Hidden Track Records, 2020) conjugar su valía en singular está siendo una jugada acertada. Con “La Mida(Hidden Track Records, 2022) la cantautora de Sant Quirze del Vallés nos demuestra seguir moviéndose como pez en el agua en esa apacible literatura de sentidos en la que percibimos romanticismos semi-privados, desprovistos de corazas y envueltos en lánguidos versos idóneos para esos momentos en los que entornamos los ojos y las memorias se agolpan en nuestra psique.

No obstante, en estas ocho canciones nuevas la cantante catalana tiene claro no querer repetir en exceso fórmulas ya empleadas en anteriores proyectos, y por eso abre, desde la concordancia y la coherencia, ese imaginario acogedor y emocional a otros ritmos que logran encajar como anillo al dedo a su propuesta. Señalamos por tanto que la individualidad de esta nueva andadura se ve complementada exitosamente con la aparición de dos elementos que consiguen elevar a un siguiente nivel la propuesta de Anna. Dos sospechosos habituales, que ya marcaron a fuego el arranque y el devenir de su carrera en solitario con un protagonismo importante en su anterior disco y que una vez más vuelven a lograr que su estela siga brillando con aires renovadores y frescos; por un lado, la participación entre ritmos y coros de la multi-instrumentista Marina Arrufat, y por otro, la implicación en la producción de Jordi Matas (conocido por tener sus dedos metidos en otros éxitos, como el de Ferran Palau o el del El Petit de Cal Eril). Es esta suma de talentos la que consigue regalarnos una propuesta más inclinada hacia un pop de dormitorio, embriagador y melódico, pero con algo más de nervio y ritmo, invitándonos a sumirnos en ese mecer tímido pero evocador que nos sugieren sus vaporosas cadencias.

Será precisamente del ya mencionado Ferran Palau y su pop minimalista y calmado de quien nos acordemos en el arranque del disco, pues no solo el viraje del sonido de Andreu parece tomar esas direcciones, sino que además cuenta con una pista compartida con el propio artista de Collbató. Antes de llegar a su participación más directa en el disco, una diatriba de amargor y reflexión en “Penyora” y unos riffs con ecos de rock lo-fi para “La Certesa” nos dejarán claro que esto suena diferente y que la cantautora parece ávida por experimentar y abrir el catálogo de sus expresiones sonoras. Algo que nos volverá a demostrar en el siguiente acto, “Un Son”, donde ya sí podremos escuchar al susodicho Palau en un segundo plano y uniendo fuerzas con la cantante en un relato tierno y melodramático a dos voces que puntualmente filtrará el delicioso uso de unos insólitos y apropiados sintetizadores que maridan excelentemente con esta revitalizada vuelta de tuerca que Andreu parece haber decidido darle a su narrativa.
El convencimiento que rodea a esta renovación de votos por parte de la catalana parece también venir compulsada por la sencilla idea de acoger la llegada de su segundo trabajo en un clima menos derrotista y negativo que el que en su momento envolvió a su “Els Mals Costums” (publicado en mitad de una pandemia que poco o nada permitió a Andreu darle una vida y una prolongación). Es en esta esperanzadora atmósfera que respiramos donde se nos concede la oportunidad de mirar de forma directa a ese intimismo cotidiano que la caracteriza, inmerso ahora en una mixtura de puntuales y versátiles arreglos de pop sintético (“Hores Per Dies”, “Un Gest”) que abrazan su vibrato natural y nos ofrecen ese particular ejercicio de hermanamiento entre sus dotes líricas tradicionales y la contemporánea visión de los elementos implicados en el cuerpo de las canciones. El método impreso en “La Mida” nos confirma un riesgo calculado y nos regala la mejor y más hechizante cara de Anna Andreu hasta el momento, equipada de la mano de un elenco con el que sin lugar a dudas ha logrado sacar su más rico potencial y darle alas a su más prometedora proyección.

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