
Estamos entrando en ese peligroso territorio en el que discos que han sido fundamentales para la formación de muchos soplan ya las velas con dos dígitos. El último de Alabama Shakes hasta la fecha, Sound & Color (2015), lo hacía el pasado año; y ahora, once después de haberles visto brillar en plural con aquel trabajo, firman uno de los regresos más esperados de 2026 con un ilusionante (aunque también irregular) I Must Be Dreaming (2026). El tercer largo de la banda estadounidense no llega, sin embargo, exento de contexto. Los años de barbecho han servido para que el conjunto en su totalidad coja aire tras un muy ambicioso arranque de carrera y se replanteé las coordenadas de su, ahora, nuevo movimiento.
Sin ir más lejos, Brittany Howard rescata para la producción de la criatura a Shawn Everett, figura relativamente próxima a la órbita de la banda en el pasado y quien un par de años atrás le ayudaría a dar forma a su segundo disco en solitario, What Now (2024). No vemos aquí, sin embargo, a aquella Brittany tan experimental y fuera de tiesto, pero sin duda sí hay un par de cosas que la prodigiosa vocalista aprendió por cuenta propia que ahora ha decidido trasladar al contexto de este nuevo elepé. Por ejemplo, esa concepción del estudio como un espacio compositivo en sí mismo, donde la probatura de dinámicas y alternancia de texturas le permitió entender en su momento que los arreglos podían desarrollarse durante la propia grabación, reaparece aquí adaptada al lenguaje de la agrupación en temas como Time, cuyo planteamiento parte desde un punto relativamente contenido para terminar ensanchándose y armándose a base de capas instrumentales e improvisación rítmica.
No es esta, ni mucho menos, la única muestra de que el ahora trío (luego de la polémica salida de Steve Johnson de la ecuación) ha dejado atrás su clásico soul-rock sureño para adentrarse en algo más expansivo y deliberadamente próximo a la psicodelia, al rock británico de los sesenta e incluso al garage. Habrá tiempo para todo: para pasar de la solemnidad de Easy al jugueteo telúrico y groove de How Love's Suppose To Go, del acaramelado y tórrido pop de la Motown de Garden al indie-rock lo-fi de Friends. Definitivamente, la apertura de miras que comenzó en 'Sound & Color' se repite en esta ocasión, tan pronto como Tea Time nos sacude con su percusión acartonada, su línea de viento y la dulzura tonal de su frontwoman, capaz de convertir la imaginería bélica en un espacio de seguridad donde la violencia es sustituida por el diálogo, la empatía y la protección ("If I had an army I'd tell them what we've won / The peace not born from suffering but the stillness undone"). Una canción de paz para tiempos oscuros.
Siguiendo esa línea de optimismo utópico, I feel hope coming peca tanto de positividad forzada en su letra como de, a su vez, regalarnos probablemente el estribillo más efectivo de toda la partida. La vis contestataria de sus responsables hace así su progresiva aparición con salpicaduras que, aunque alejadas de lo panfletario y de lo explícito, sí revelan que este sea tal vez el disco de Alabama Shakes más consciente de su presente. Ahí está American Dream como prueba de la coherencia narrativa del largo, enfrentando la retórica de la paz, la felicidad, la libertad o las oportunidades con los salarios bajos, la crisis climática ("Got the EPA, sure is hot today"), la violencia armada y los derechos reproductivos ("Gun reform, my body, my choice") o esa Casa Blanca ("Got the White House pretty and pimped out") que Howard contempla con una mezcla de incredulidad y hastío. Una delicia lírica que, lamentablemente, acontece también a una desaceleración sonora donde todo en el último tramo del disco se siente farragosamente denso (con una Tied To You que parece confirmar el gran mal del álbum: disponer de una producción que en ocasiones reclama para sí misma más protagonismo del necesario).
No es, digamos, el regreso mayúsculo que cabía esperar tras once años de silencio, si atendemos a quedarnos con esos detalles sobrecargados que terminan espesando la mezcla y restándole claridad a un repertorio de indudable altura. Pero I Must Be Dreaming deja también una plantilla fértil de hallazgos, nociones y tentativas que, de ser este un regreso definitivo, podrían desembocar en una música mucho más libre y arriesgada en un futuro no muy lejano.