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Crítica: Adrianne Lenker - Bright Future

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Adrianne Lenker - Bright Future (2024)

Hace falta ser de una pasta muy especial para que tus relatos, del todo propios e individuales, consigan traspasar la barrera de la distancia y conmover con esa facilidad tan única y desde la primera escucha. Todos podemos pensar en un cantautor o cantautora diferente que logra provocarnos esto. Sin embargo, qué lejos quedan todos de la meta cuando una gigante de la palabra como Adrianne Lenker, armada con su característico timbre de voz, rugoso, frágil y de otro tiempo, entra a concurso. Da igual, es inútil, recoge tu guitarra acústica y tu alma torturada: la Lenker acaba de sacar nuevo disco y contra este despliegue de belleza sin fuste poco puedes hacer.

Desde un retrato analógico y ligeramente borroso, la vocalista de Big Thief se muestra presta a reclamar la autoría de sus nuevas canciones y del alma depuesta en ellas, recibiéndonos de la mano de una opción artística muy contraria a la que nos mostraba en instrumentals y songs, sus últimos elepés en solitario, fechados en 2020.  Una mirada vidriosa y un outfit de cowboy trasnochado como antesala lógica de lo que a continuación procederá a contarnos: memorias de infancia, historias de amor frustrado, de desapego, de dolor, de arrepentimiento. De todo un poco y de nada en general. En efecto, ninguna panacea temática que subvierta el género o nos ilumine particularmente. Pero por alguna razón, todo cuanto Lenker tiene para contarnos en Bright Future (4AD, 2024) suena tan prístino, puro y orgánico que no requiere de grandes ficciones ni guiones para lograr que estemos totalmente dentro de su exquisito storytelling como si fuera la primera vez que escuchamos según qué tipo de relatos. Tal vez sea ese folklorismo experimental y disonante con el que la cantante mea tan acertadamente fuera del tiesto (Fool), o esa producción tan cruda y queda, responsabilidad de la propia Lenker junto a Philip Weinrobe, que nos remite directamente al setenterismo olvidado de Sibylle Baier (Real House), o simplemente la habilidad innata de la norteamericana para retorcernos el corazón durante cuarenta y cinco minutos y dejarnos hechos un gurruño en la cama para lo que queda de día (Evol). Sea cual sea el secreto para acariciar de una forma tan especial e íntima los sentimientos del oyente, Lenker lo tiene.

Digno de estudio y de ovación palmeada (lagrimones mediante) es la capacidad de la cantante de Indiana para crear tanto con tan poco. Ni estrellas invitadas, ni producciones superlativas y exuberantes, ni tan siquiera arreglos de cuerda o viento que arañen la emoción fácil. Lenker encuentra la belleza (y por supuesto, la manera de proyectarla) simplemente a través de su voz y  de un sencillo acorde luminoso y lleno de vida que se repite en bucle a fin de dar forma a algunos de los versos más esperanzadores que la artista ha escrito nunca antes ("Patience and pleasure / Time and attention / Love without Measure", canta en Free Treasure, subrayando su deseo por buscar que el título de su disco no sea malinterpretado ni trasladado al campo de la ironía. Nada más lejos, nos sugiere con su encantador verbo. Puede que el mundo se nos caiga a pedazos, pero al menos estamos presentes para vivir intensamente sus últimos coleteos.

Bright Future (4AD, 2024) tiene el gusto y refinamiento de las cosas hechas a fuego lento, y es precisamente su ausencia de pretensiones (originalmente no tenía previsto ni tan siquiera ser un álbum como tal, sino un simple recopilatorio de experimentos sin expectativas ni intenciones) lo que le convierte en un trabajo tan humano, natural y auténtico. Para quitarse el sombrero (de cowboy o del tipo que sea) la facilidad con la que Adrianne Lenker ha firmado un absoluto candidato a disco del año.

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