
Norma Editorial publicará el próximo 18 de septiembre La 3ª Kamera, un thriller bélico construido sobre las ruinas de la barbarie nazi, escrito por Cédric Apikian y dibujado por Denis Rodier.
La historia transcurre en el verano de 1945, cuando Berlín es un laberinto de escombros cuyos habitantes hacen lo imposible por sobrevivir a la miseria y al hambre. Entre las ruinas, los aliados buscan pruebas con las que encausar a los jerarcas nazis en los juicios de Núremberg. La aparición de un supuesto fotógrafo al servicio de Hitler desencadena una oscura trama de violencia, mentira y suspense que arrastra a Krabe, reportero de una compañía de propaganda que huye de los bombardeos, hasta cruzar su destino con el del teniente Frentz, fotógrafo personal del Führer recién capturado, con un oficial nazi fuera de control y con un investigador estadounidense que indaga en las ejecuciones masivas del régimen.
El guionista, autor también de La balada del soldado Odawaa, parte de un episodio histórico poco conocido, el cuerpo de fotógrafos profesionales que el régimen nazi creó para controlar la imagen del ejército, dirigido conjuntamente por el alto mando militar y por el ministro de propaganda Joseph Goebbels, y que llegó a reunir hasta 2.500 fotógrafos y 700 cámaras bajo uniforme. Cada reportero contaba con dos cámaras oficiales cuyos carretes eran controlados por la institución, aunque a menudo disponía de una tercera cámara con la que tomaba fotografías propias, cuyos negativos, ilegales, se enviaban en secreto a sus domicilios. Con la esperanza de encontrar en ellos pruebas de crímenes de guerra, las fuerzas de ocupación aliadas trataron de dar con esas cámaras ocultas.
El dibujo de Denis Rodier, autor también de La bomba, recrea con crudeza tanto la destrucción de la ciudad como las escenas de ejecuciones, retratando una violencia extrema en la que el hambre, el miedo y la sed de venganza parecen justificar cualquier exceso. Un trazo preciso y realista, reforzado por los encuadres y una coloración ocre y grisácea, polvorienta y morbosa, que recuerda al Tokio de posguerra retratado por Sansuke Yamada en Sengo. La obra incluye además un dossier documental que ilumina el contexto histórico de estos fotógrafos, partícipes del culto nazi al superhombre germánico, de quienes se ignora si compartían la ideología del régimen o simplemente cumplían con su trabajo. Sus terceras cámaras, en cualquier caso, no dieron a los jueces aliados lo que esperaban, ya sea por prudencia o por horror, ninguno llegó a fotografiar los crímenes de guerra, aunque sus retratos de los responsables sí contribuyeron a plasmar la fría banalidad del mal.