Cine social español: el foco sobre las realidades invisibles y cotidianas

24 febrero, 2021
Redaccíon: dod Magazine

Los Lunes al sol - Cine social Español

Redacción: Noemí Valle Fernandez

Cuando a Luis Buñuel le preguntaban la razón por la cual se dedicaba al cine, el respondía: “porque me gustaría conseguir que hasta el espectador más ordinario sintiese que no está viviendo en el mejor de los mundos posibles”. El cine social tiene ese cometido, exponer todo lo que no funciona en un país y mostrar las frustraciones del individuo contemporáneo para hacer visibles a los ojos del espectador realidades que el cine hegemónico no ofrece y que son cotidianamente invisibles.

Un género cinematográfico que pone el foco y alumbra otras existencias, donde títulos como Te doy mis ojos, de Icíar Bollaín, El Bola de Achero Mañas y Los lunes al sol de Fernando León, han sido indispensables para enunciar y denunciar los problemas del ser humano en el la España del siglo XXI.

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La precariedad laboral, el maltrato infantil, la violencia de género, la pobreza y las relaciones no normativas son algunos de los temas más recurrentes del cine social español del siglo XXI, a la hora de mostrar al espectador los problemas que genera la desigualdad en todos sus ámbitos.

Entre los largometrajes de este género destaca El bola, una película de Achero Mañas que abre el siglo y relata la historia de Pablo, un niño de doce años que es maltratado por su padre. La lacra que sufre, le afecta a la hora de relacionarse con sus compañeros, pero la llegada de Alfredo al colegio, un nuevo alumno, le hace descubrir la amistad y conocer a través del padre de su amigo, otra relación paternofilial muy distinta a la suya. Un largometraje que visibiliza los malos tratos a menores a través de un discurso que exige en pleno 2000 un límite legal, al que niños y niñas se puedan aferrar ante situaciones similares.

La precariedad laboral es el tema predilecto del padre del cine social europeo, Kean Loach. Fernando León elige también esta temática en su película Los lunes al sol, en ella expone el día a día de un grupo de soldadores que se levanta cada mañana en busca de un nuevo empleo desde que cerraron hace cinco años el astillero en el que trabajaban. Uno de los amigos ha regentado un bar y otro trabaja de guardia jurado, mientras que el resto siguen en las listas del paro. Galicia es el escenario de la recesión económica que se plasma en el film, en el que Fernando León muestra la falta de recursos de la clase obrera mientras plantea otras cuestiones, como la dificultad que supone encontrar un empleo una vez que se sobrepasan los cuarenta.

La película de Jaime Rosales, Hermosa juventud, sigue la línea de denuncia contra la precariedad laboral de Los lunes al sol y relata la supervivencia de una pareja de jóvenes de 20 años que va a tener una hija, y las dificultades que se encuentran a la hora de enfrentarse a la vorágine de la crisis económica que les ha tocado vivir. Para conseguir algo de dinero deciden grabar una película porno amateur, escenas donde el director destapa una parte del porno mainstream para relacionarlo directamente con la desestructuración económica que se manifiesta detrás de muchos de esos videos.

Techo y comida, de Juan Miguel del Castillo expone de nuevo la precariedad y la pobreza como consecuencia de la recesión económica y la crisis que azotó a España en 2010. En ella, Natalia de Molina, interpreta a una madre soltera a cargo de un niño de ocho años que intenta ganarse la vida con trabajos ocasionales y ventas “top manta”. Una mujer que tendrá que hacer frente a un desahucio junto a su hijo, sin tener siquiera otro techo en el que refugiarse. El director, Juan Miguel del Castillo, lanza un mensaje escalofriante antes de los créditos: “en España 526 personas pierden su vivienda cada día en 2012. La tasa de paro alcanza el 26%. 13 millones de personas se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social. Se rescata a la banca con 100.000 millones de euros, ¿a ti quien te rescata?”.

Icíar Bollaín también se une al conjunto de cineastas que denuncian a través de sus películas los problemas de la sociedad actual. Te doy mis ojos es un largometraje en el que la directora lleva a la gran pantalla la historia de Pilar, interpretada por Laia Marull, una mujer que huye de su casa en plena noche con su hijo Juan, para alejarse de Antonio, interpretado por Luis Tosar, su marido maltratador. Acude a casa de su hermana, en busca de apoyo familiar. Madre e hijo se alojan allí durante una temporada en la que Pilar intenta rehacer su vida y empieza a trabajar.

Icíar Bollaín representa el machismo como un problema estructural y expone la intimidad del día a día de una víctima de violencia de género que convive con su agresor para dar a conocer al espectador esa parte de las relaciones que nunca se ve, mientras pone de manifiesto a una mujer valiente que intenta abandonar a su maltratador en el núcleo de una sociedad donde la violencia está legitimada. Es ese mismo año, 2003, en el que se estrena la película, cuando la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género establece un registro oficial de los asesinatos por violencia de género en España.

Isabel Coixet también expone a lo largo de su filmografía distintas cuestiones sociales, pero lo hace especialmente a través de la protagonista de la La vida secreta de las palabras. Hanna es una mujer que arrastra un trauma consigo. Acude a una plataforma petrolífera en medio del mar, en la que ha ocurrido un accidente, con el fin de ejecutar su labor como enfermera y curar las quemaduras de uno de los trabajadores afectados por la explosión. La película gira en torno al peso del pasado y expone las huellas físicas y psicológicas que marcaron a la protagonista cerca de Dubrovnick, durante la guerra civil yugoslava.

Lucía Alemany se estrena en el largometraje con La inocencia y se une a esta lista de cine social por su perspectiva de denuncia a la hora de narrar el nudo del film. Lis es una adolescente que vive en un pueblo de Valencia y sueña con salir de ahí y convertirse en una artista de circo. Todo cambia cuando se entera de que está embarazada de su novio, una relación que llevaba en secreto para evitar el chismorreo y los corrillos en el pueblo. La historia refleja la culpa que se impone desde tiempos ancestrales sobre las mujeres por disfrutar de la sexualidad femenina, por evidenciar a través del embarazo la pérdida de “la inocencia”, un acto natural consecuente de la unión de dos cuerpos de distinto sexo.

El patio de mi cárcel de Belén Macías, enfoca otro drama femenino totalmente distinto. En esta ocasión, la directora narra la historia de mujeres presas excluidas. Una adaptación de la historia real de las Yeses, un grupo de reclusas que en los años 80 encontraron en el teatro una forma de rehabilitación social. La protagonista es Isa, interpretada por Verónica Echegui, una atracadora drogadicta incapaz de adaptarse a la vida fuera de la cárcel.

Pedro Almodovar se cuela entre los directores de cine social por sus temáticas recurrentes LGTB. La mala educación, además de tratar cuestiones de identidad de género y orientación sexual, visibiliza la impunidad de la Iglesia durante la dictadura de Franco a través de la historia de Ignacio e Enrique. Ambos amigos sufrieron acoso sexual en su infancia a manos del Padre Manolo, el director del colegio de curas donde estudiaron. Los tres personajes vuelven a reencontrarse a finales de los años setenta y después en los ochenta. A través de ellos, Almodovar expone una historia de pederastia en el centro de una España que se ampara en el nacional catolicismo y silencia los casos de abusos de los personajes con el fin de no desprestigiar la ancestral institución que es la Iglesia.

La temática LGTB también es el eje central de Carmen y Lola, el film de Arantxa Echevarría que rompe el tabú del lesbianismo dentro de la etnia gitana. Carmen es una gitana de 17 años que vive en los suburbios de Madrid. Ha dejado los estudios y está a punto de comenzar una nueva vida con su novio Rafael, un gitano con el que tiene planes de boda. Ella acepta la vida que la tradición le ha impuesto, hasta que conoce a Lola en el mercadillo en que ambas ayudan a sus familias. Lola es una gitana de 16 años muy diferente a las demás, sueña con ir a la universidad y ser profesora, ambiciones distintas a las de Carmen. Ambas se enamoran y viven una relación en secreto por miedo a la incomprensión y el rechazo de sus familias, férreamente arraigadas a las costumbres de su pueblo.

Alejandro Amenábar cierra la lista con Mar adentro, película con la que se encargó de trasladar a la gran pantalla la importancia de la decisión de morir.  En ella plantea la muerte como un derecho del ser humano a través de Ramón, un hombre anclado a una cama desde hace treinta años, tetrapléjico y dependiente, al cuidado de su familia, como consecuencia de un accidente que cambió su vida y también la de aquellos que lo rodean. Su único deseo es morir dignamente, pero la eutanasia era en 2004 un sueño muy lejano. Hubo que esperar al 2020 para que la muerte digna se convirtiese en ley.

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