Basanta - Colorama [Crítica]

20 abril, 2018
Redaccíon: dod Magazine

Basanta - Colorama

Redacción: Andrea Genovart

Basanta no es un grupo nuevo más de indie español, de estos que salen con la misma rapidez que parpadeas después de haber probado mil nombres antes de dar con un dominio no registrado. Este quinteto ha sabido reinventar el concepto de banda y jugar con aquello que no es puramente musical; un reto bastante complicado en una era donde la originalidad supone ya no otra liga si no otra dimensión.

Basanta acaba de sacar su primer debut, Colorama, producido por Paco Loco. Marca distintiva donde las haya. Antes de tenerlo en nuestras manos, sin embargo, ya todo el mundo sabía que el grupo es algo atípico: cinco personas que convertidas en los personajes Sol, Azufre, La Santa, Tierra y Sal. Y decimos personajes porque poco más se puede decir sobre ellos: más que una banda, es una tribu enmascarada que ha dado lugar a una música que se destaca por su alto grado de hermetismo.

Una portada de colores oscuros y motivos minimalistas, satánicos y propios de ritual - de hecho, el nombre del grupo responde a una tribu hindú - es la que introduce Colorama, del que recientemente hemos ya podido escuchar los adelantos Inferis y Animal. Se tratan de once temas melódicos, a la vez que retraídos, pero ninguno especialmente festivo. Más bien son un viaje. A caballo entre el indie rock, pero también entre la psicodelia y el folk, sus canciones se apoyan en los mellotrones, las afinaciones abiertas, y los fuzzs setenteros. A modo de excepción, hay algo también de armonías que recuerdan a la época beatle del Sgt. Pepper’s, aportando algo más de frescura a un ambiente de tensión y secretismo, como Thelema. El toque de rock, donde por fin se prioriza la eléctrica, sucede con Karma y Tentación. Toda esta mixtura, siempre bajo el mismo prisma embriagador, son caracterizados por ser temas más bien largos y trabajados, sin presión que impida recreación alguna, adquiriendo todos ellos un ritmo que progresivamente va adquiriendo más fuerza.

Por lo general, Colorama es un primer disco que deja entrever la exigencia de una intencionalidad que intenta apuntar a la intimidad o, más bien, rodearla y descubrir de qué trata; el campo metafórico es el lenguaje de Basanta, a través de los motivos de acorde como la sangre, la herida y la tierra. Un disco que, en definitiva, apuesta por reconocer y explotar la sombra, el lado oscuro. Lo translúcido. Y que, a fin de cuentas, evidencia como una imagen lejana por fantástica dice más de nosotros que los que fingen parecerse.


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