A un metro cuadrado de las Vainica Doble

7 enero, 2019
Redaccíon: dod Magazine
Vainica Doble
Foto: Elefant Records

 

Redacción: Ozantoño Torres

Si hay un grupo que ha quedado como referente indiscutible del hípsterismo patrio esas son las Vainica Doble. Cada dos por tres hay un homenaje musical, fotográfico, pictórico o alguien hace una cover porque, a fin de cuentas, ellas son el grupo más influyente de la historia del indie. Tal cual.

Compuesto por María del Carmen Santonja y Gloria Aerssen, una madrileña y la otra sevillana pero de ascendencia holandesa, se hicieron amigas mientras estudiaban y alcanzaron la eclosión cuando la Movida Madrileña, hasta el punto de ser consideradas "madres" de la misma. Además, tenían en sus filas de seguidores a gente del talento de Almodóvar, Carlos Berlanga o Fernando Márquez "El Zurdo", que les publicó una biografía en 1983 que ahora reedita Efe Eme con nuevo material. De la época “movidera” nos legaron los álbumes El tigre de Guadarrama y Taquicardia.

Nunca fueron de las top ten, pero alguna que otra vez sí que cobraron pastuza gansa. Hablo del medio millón de “pelas" por ser autoras de varias canciones en Furtivos de José Luis Borau. También en 1997 les dieron un milloncejo de aquellas duros antiguos por un infausto disco con una multinacional donde las hicieron cantar con Bosé y Alejandro Sanz, ojo al dato. Carbono 14 se titula. Es óbice decir que es su LP con más hateo de toda su carrera. También hicieron el logrado pasodoble que abría la serie Juncal, y eso es de agradecer.

La primera canción que nos regalaron fue Caramelo de limón, año 71. Abre el disco homónimo. Un tema a caballo entre el rock, la psicodelia y el folk que habla de las ansias de aperturismo que había en las calles. La portada de Iván Zulueta mostraba una plaza de toros como recreo; es decir, un sitio dividido entre los que contemplaban la batalla desde las gradas y quienes combatían (con todas las consecuencias) para sacar cabeza.

Y aunque hicieron cosas para televisión y tal, ninguna de ellas trascendió tanto como aquel Con las manos en la masa feat Sabina. Y hago un inciso; cualquier modernillo de renqueante memoria te dirá eso de “una de las Vainica presentaba un programa de cocina y le puso sintonía”. Y mira, te quedará muy bien el gorro y las gafapastas esas, pero estás más pegado que el barco del arroz. La que presentaba y cocinaba en el programa era Elena Santoja, hermana de Carmen. ¿Veis? Todos los días se aprende algo.

Lo que siempre se dirá de ellas es que son “unas referentes”. Lo dicen Pauline en la Playa, La Bien Querida, Los Planetas, La Buena Vida y casi todo el historial indie patrio. Cuando hablas con gente de chasis modernuzo esgrimen que lo mejor está entre Heliotropo (1973) y Taquicardia (1984), producido por Mario Pacheco y arreglado por Ángel Muñoz, el Maestro Reverendo. Sí, aquel que salía con el Gran Wyoming. Y cierto es; ambos discos son obras de arte.

¿Cuál era la fórmula Vainica? Pues muy fácil de resumir; sus canciones no sólo destacaban por las rimas y el sonido poppy que emanaban sino porque sus títulos eran geniales y eso te hacía querer escucharlas. Os pongo unos ejemplos; Habaneras del primer amor, Quién le pone el cascabel al gato, Coplas del iconoclasta enamorado, Fulgencio Pimentel, Déjame vivir con alegría, Un siseñor con las patas verdes, ¿A qué os entran ganas de ponérosla en Spotify modo bucle? Pues ya estaría.

Vestían folk desde su juventud hasta la madurez. Y todo su modismo psicodélico se tradujo en sombreros de ala ancha, prendas bordadas con motivos florales, tejidos etéreos como el hilo y patchwork; patchwork por un tubo. Y algunas de sus letras tienen tanta vigencia en la actualidad que a más de una vegana podría cantársele eso de “ya no quieres solomillo, estás desvitaminizada. Tu color es amarillo, tu piel apergaminada. Te han comido bien el coco con el rollo oriental y no desentonaría con la realidad actual.

Y mirad, aunque las tengo endiosadas (sí, como a Amaia Romero) reconozco que el disco más who de toda su carrera es Carbono 14 (1997). Ya avancé algo antes; pero ¿A quién se le ocurrió ponerlas cantando con Alejandro Sanz? No hay perdón posible a ese desatino marcado por una discográfica de alto copete. Pero ese no es el único momento “Tierra trágame” porque, os cuento, dos años más tarde la edición española de Rolling Stones las fotografió junto a ¡ELLA BAILA SOLA! para su primer número. Ya, estaréis viviendo un momento hiperventilación. Lo entiendo; yo tampoco lo supero.

Así que, para quitarnos el sabor de boca, pasamos a Chiribitas de limón, la primera canción que abría el último disco que nos legaron. Todo un epitafio musical, al igual que hizo Bowie con Blackstar o Leonard Cohen con You want it darker, pero ellas una década antes. Si escuchas la letra detenidamente descubrirás que suena a despedida pues, desde la primera a la última nota, te hablan del paso del tiempo y la enfermedad que padecía Carmen: “Pero el corazón se agita, empieza a vacilar mi mente. Son mis ojos chiribitas de limón”. Y así fue; esas chiribitas se la llevaron en julio del 2000. Gloria lo hizo en 2015.

Sus vinilos son a día de hoy difíciles de encontrar, aunque existen algunas reediciones, parciales, de su discografía. Eso sí, mientras quedemos vainiquiers por estos mundos de Dios ellas seguirán en nuestra memoria con sombrero de ala ancha y ropa patchwork. Nunca nadie lució tan bien el jipitroskismo. O mejor dicho; NADIE puede llevar ese indumentario sin resultar jocosa. Al menos que tu grupo se llame Vainica Doble y, por desgracia, ya nunca se dará el caso.


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