1899: Curiosidades, explicaciones y secretos de la nueva serie de Netflix

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23 noviembre, 2022
Redacción: Fran González

1899: Serie de Netflix

A nadie se le escapa que 1899 ha sido el gran estreno del mes en Netflix, y una de las entregas más esperadas del año por parte de los seguidores más acérrimos de las ficciones seriadas que ofrece la mencionada plataforma de streaming. El aval de esta nueva producción viene, precisamente, precedido por la célebre acogida que ya tuvo en su día otra creación propia de los abajo firmantes Baran Bo Odar y Jantje Friese, responsables de aquella Dark con la que ambos consagraron su relevante habilidad para presentarnos un relato con tintes de thriller y ciencia-ficción oscura.

En esta ocasión, 1899 nos traslada a un plano del todo bien distinto al que la dupla alemana nos introdujo en Dark, pues su trama principal evolucionará a lomos del Kerberos, un navío que cruza las vastas y peligrosas aguas del mar Atlántico con una pintoresca tripulación en su interior, compuesta principalmente por inmigrantes que huyen desde diferentes puntos de Europa con el fin de encontrar una segunda oportunidad y una vida mejor en América. La genial entrega de misterios y giros de guión que Bo Odar y Friese pergeñan a través de ese carismático elenco de personajes que desenvuelven sus cuestionables pasados ante nuestros ojos es a su vez equipada por una infinita cantidad de interrogantes y cuestiones que romperán los esquemas de todo espectador que se precie, lo cual, y tras la conclusión de sus ocho capítulos, ha terminado derivando en una infinita ristra de teorías y elucubraciones por parte de la correspondiente audiencia.

“Y recuerden, todo lo que han visto es producto de su imaginación”: El final de 1899, explicado

Cuando creíamos que 1899 no podía ofrecernos más giros de guión del todo impredecibles, van y nos cascan una destartalada escapatoria argumental en la que se aboga abiertamente por hacernos creer que todo lo que habíamos vivido durante sus ocho capítulos era parte de una simulación. ¡Tócate las narices! Y es que, teniendo en cuenta que la serie lleva el sello de Bo Odar y Friese, quienes ya con Dark nos mostraron su personal capacidad para enseñarnos a no creernos nada hasta el final, era de esperar que todo lo que se nos estaba contando durante los primeros compases de la serie podía acabar virando hacia direcciones del todo inusitadas. Fuere como fuere, seguramente ninguno de los presentes se quede indiferente con ese octavo capítulo en el que finalmente empezaremos a entender un poco (tan solo un poco) mejor el extraño sentido de los acontecimientos que hemos presenciado durante sus anteriores cortes; sin embargo, la lluvia de interrogantes sin resolver que quedan colgando de esta singular trama continuarán golpeando nuestra curiosidad con la inquina del que sabe administrar y economizar bien el suspense.

A pesar de presentarse como una obra coral en la que todos los personajes tienen un peso más o menos equilibrado en la trama, poco a poco iremos viendo como el veradero interés de la misma recae sobre los hombros del personaje de Maura Franklin (Emily Beecham), quien a lo largo de la serie descubrirá que Daniel Solace (Aneurin Barnard), su vecino de camarote y polizón del Kerberos, es ni más ni menos que su marido, que trata de rescatarle de la simulación en la que se halla inmersa. A este revelador descubrimiento, que por supuesto Maura no recuerda, se suma otro bombazo: Eliott (Fflyn Edwards), el pequeño que encuentran resguardado en el interior del Prometheus, resulta ser su hijo. Y es que, efectivamente y tal como descubriremos por nosotros mismos, nada de lo que sucede en 1899 es lo que parece.

El Creador… O La Creadora

Tal y como evidencian los episodios finales de 1899, el transatlántico protagonista en el que tienen lugar los hechos es fruto de una elaborada simulación informática construida para mantener las mentes de las personas atrapadas en su interior. Un experimento que firma alguien denominado como El Creador y cuya identidad parece estar todo el tiempo atribuida a Henry Singleton (Anton Lesser), padre de Maura; sin embargo pronto descubriremos que no es así. Como decimos, en ese mundo real, alejado de navíos y texturas negras que se glitchean, Maura y Daniel están casados y tienen un hijo, el cual enferma de gravedad. Este hecho hará que Maura luche por desarrollar un complejo sistema de simulación vital con el que mantener con vida a su hijo, encerrando a éste en una realidad paralela y artificial complejísima que combina informática y neurociencia. Todo parece indicar que la realidad no es un lugar amable para Maura nunca más, por lo que decide encerrarse personalmente en esa suerte de metaverso, donde se hallan su marido y su hijo, conscientes de la virtualidad de su existencia y empeñados en devolver a Maura a la consciencia (“Wake Up”).

Desesperado por poner fin a esta locura, el padre de Maura, que también está dentro de esta particular simulación, trata de encontrar como sea la llave que desconfigure  la simulación en la que se hallan inmersos y cierre este enrevesado bucle espacio-temporal. No obstante, la llave no funcionará porque, en un su intento por despertar a Maura, Daniel cambia el código informático del Proyecto Kerberos, alterando con ello la estructura del programa y destruyendo la última iteración de la simulación. Este hecho provocará que Maura despierte, pero no reseteé su propia conciencia, con lo cual recordará todo lo que Daniel le ha explicado previamente con el fin de poder detener al verdadero responsable de todo esto: Ciaran, el hermano de Maura, quien parece haberse apoderado de la simulación desde el exterior y mientras ésta estaba dentro de ella.

Obligados a una segunda temporada

Si ya incluso antes del estreno de su primera temporada, el deseo de Bo Odar y Friese era el de alargar la trama de 1899 hasta una tercera entrega, el final de la misma nos confirma sin atisbo de dudas que los showrunners de la serie han tenido a bien presentar una historia con las miras del todo puestas en una ineludible continuación. Y es que, luego de introducir la verdadera llave (el anillo de compromiso) en la auténtica pirámide que desconfigurará correctamente la simulación en la que se hallan, Maura Franklin (Emily Beecham) despertará en lo que parece ser una nave espacial de nombre Prometheus (¡nos suena, y mucho!), donde casualmente vemos que descansan abstraídos y conectados a una serie de canales de control mental los personajes que durante ocho capítulos han protagonizado esas idas y venidas en los camarotes del Kerberos. A ritmo del Starman de Bowie observamos como Maura escudriña confusa el interior de la nave espacial, encontrando en ella un ordenador que parece contener información sobre una misión espacial y un proyecto denominado Prometheus. En esa misma pantalla se nos revela también que la acción está sucediendo, aparentemente, el 19 de octubre de 2099, a lo que seguidamente se pasará a “presentarnos” al famoso Ciaran, hermano de Maura, en una del todo enigmática conversación telemática.

1899 - Protagonistas de la serie de Netflix

Filosofía y mitología

Los guiños que 1899 lanza a las diferentes culturas clásicas son otro de los puntos reseñables de esta serie, que poco a poco pasan de ser simples detalles estéticos a convertirse en referentes de peso total en lo que a su desarrollo significa. Por un lado tenemos el nombre de los dos navíos que protagonizan la trama, el Kerberos y el Prometheus, siendo este primero una referencia directa a Cancerbero, el perro de tres cabezas –o cincuenta, según la visión de Hesíodo, con una serpiente en lugar de cola- que protegía la puerta del reino de Hades (el inframundo), evitando así que los muertos no salgan y los vivos no entren. Por su parte, Prometheus es otro referente explícito a la mitología griega, pues su nombre remite a Prometeo, el titán amigo de los mortales, honrado principalmente por robar el fuego de los dioses para entregárselo a los hombres para su uso y posteriormente ser castigado por Zeus por este motivo (ahora ya no nos parecen tan mal traídos los nombres de los barcos, ¿verdad?).

Otros elementos de la iconografía de 1899, más evidentes en sus ilustrativas intenciones, son el escarabajo verde y la pirámide negra que el joven Elliot (Fflyn Edwards) tiene en su poder. Ambos elementos son una clara reminiscencia a la mitología egipcia, donde el escarabajo era un amuleto que representaba la resurrección y ofrecía protección contra el mal, visible o invisible, otorgando fuerza y poder a quien lo poseía, mientras que las pirámides eran elementos funerarios en las que se enterraban a los faraones con el fin de facilitar así su ascenso a los cielos.

Finalmente, todo este endiablado entramado que nos costará Dios y ayuda comprender, verá en el mito de la caverna de Platón su particular semilla narrativa, pues desde la misma mención de Henry Singleton (Anton Lesser) sobre la obsesión que su hija Maura muestra desde pequeña por el mencionado mito, hasta el mero hecho de hacernos creer que la realidad o no de cada circunstancia planteada en la trama dependerá del punto de vista desde el que se analice, vemos como el teorema del famoso filósofo marca el devenir de esta serie. En su alegoría, Platón describe un escenario hipotético en el que un grupo de prisioneros están recluidos en una cueva. Todo lo que estos pueden ver es una pared frente a ellos que refleja las sombras del mundo real. En otras palabras, una proyección terciaria o derivada de lo que en realidad puede haber — o no — a sus espaldas. También nos cuadra, ¿no?

De Jefferson Airplane a Eliot Sumner: ¿la clave estaba en la sintonía?

Tampoco es un secreto que 1899 evidencie un nexo del todo impecable con la música, gracias a esa acertada selección de clásicos setenteros entre los que podemos deleitarnos con el energizante in crescendo del Child in Time de Deep Purple o la emocionantísima (Don’t Fear) The Reaper de Blue Öyster Cult, entre muchas otras. No obstante, lo que ha llamado la atención de muchos espectadores es precisamente el tema principal de la serie, titulado White Rabbit y compuesto a pachas entre Ben Frost (responsable de la banda sonora original de la misma, y reincidente en el imaginario de Odar y Friese luego de haber hecho la BSO de Dark) y Eliot Sumner, que es nada menos que la hija de Sting. ¿Qué sabemos de Eliot Sumner? Pues realmente, no hablamos en absoluto de una neófita, y es que la británica ya dio el salto al estrellato en 2005 tras formar y liderar su propio proyecto musical llamado I Blame Coco, una banda londinense de corte independiente que aúna pop y electrónica.  Por su parte, el tema principal de la serie es una suerte de versión, más oscura y disonante, del clásico homónimo de la banda Jefferson Airplane, el cual en su letra parece evocar constantes referencias a Alicia en el País de las Maravillas, aunque, si nos la llevamos hacia el terreno temático de 1899, también parece estar indicándonos, desde el mismísimo arranque de la serie, que todo el entramado de la misma es fruto de un juego mental de lo más lisérgico, cuyos protagonistas no son más que marionetas sujetas a diversos y maquiavélicos experimentos mentales (“Feed your head”, clama repetidas veces el tema).

1899: ¿Basada en hechos reales?

Si obviamos por un momento la épica surrealista que 1899 genera a lo largo de sus ocho capítulos, y nos quedamos principalmente con ese espíritu de comunión entre los diversos personajes de la serie, cuyas procedencias y nacionalidades son bien distintas entre sí, encontramos una intencionalidad en la diégesis original de Bo Odar y Friese que bien podría asemejarse a esos episodios de extensas migraciones que hemos vivido en nuestra historia actual. Desde el drama de Siria hasta el más reciente, con la guerra de Ucrania, es en ese sentimiento de desarraigo forzado donde los productores alemanes plantan la semilla de su relato. Sin ir más lejos, la propia Friese apuntó en una entrevista con el medio Deadline que ese trasfondo en el que se pone de relieve el drama vivido durante un éxodo y que forma parte regular de las crisis que han asolado el mundo recientemente es la pieza angular de la serie: “Para nosotros era importante que la historia viniera marcada por ese ángulo de comunión europea que se aprecia entre los personajes” comenta Friese. “No solo en la propia historia, sino en cómo íbamos a llevar a cabo ésta. Sabíamos desde el principio que tenía que ser una colaboración europea, tanto por parte del reparto como en cuanto a los distintos miembros que componen el equipo. Hemos vivido años intensos en los que recientemente se han acentuado movimientos nacionalistas en diversos países, como el mismo Brexit, y de algún modo el mensaje que hay detrás de esta serie pretende aludir a esos principios de unidad y nexo que creemos que deben ser bandera en Europa.”

1899: ¿Plagio de un cómic brasileño?

Con el éxito de la pertinente serie, también han llegado las antorchas y las lanzas, no tanto por su buena o mala conclusión, sino por una polémica que ha saltado a las redes por un supuesto plagio por parte de los creadores de 1899. Concretamente, la usuaria que denuncia lo sucedido en su Twitter personal y a través de un extenso hilo es la artista gráfica y autora Mary Cagnin, quien luego de haber visto el nuevo hit de Netflix se ha quedado un tanto petrificada tras comprobar que una gran cantidad de escenas vistas en la serie eran misteriosamente similares a las que la ilustradora plasmó en las viñetas de su obra, Black Silence (publicada en 2016, y que por cierto, puedes leer online a través del mismo enlace que la autora nos facilita).

En su correspondiente hilo, Cagnin explica que en 2017 visitó Alemania con motivo de la feria del libro, donde aprovechó para distribuir algunas copias traducidas al inglés del cómic que acababa de elaborar. Cuál es su sorpresa, cuando cinco años después la autora descubre que una serie alemana parece haber empleado, según apunta la propia Cagnin, excesivas referencias a su pertinente historieta. A lo largo del mencionado hilo de Twitter, podemos ver perfectamente como otros usuarios se suman a su particular revuelta, insistiendo en que no se trataría de un plagio absoluto, pero sí contendría un alarmante número de referencias y elementos comunes que exceden los límites de la casualidad. Juzguen ustedes mismos.

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